Los menores de 25 años ven mermado su sueldo medio, mientras la inflación se dispara y la crisis de la vivienda se agudiza
NotMid 15/11/2025
EDITORIAL
Las dificultades que encuentran los jóvenes para acceder al mercado laboral con un sueldo que les permita independizarse y planificar su futuro son cada vez mayores. A la crisis de la vivienda y la inflación en bienes tan esenciales como los alimentos y la electricidad se suman los bajos salarios que recibe por regla general este grupo y que, lejos de aumentar en relación al coste de la vida, se han visto incluso mermados. Así lo constatan los datos que publicó ayer el Instituto Nacional de Estadística (INE), que revelan que el salario medio de los jóvenes de 16 a 24 años se redujo en 2024 un 1%, hasta los 1.372,8 euros brutos al mes, al mismo tiempo que el dato para el conjunto de España crecía un 5% y se situaba en 2.385,6 euros.
La franja de edad más joven fue la única que vio reducidas sus ganancias, lo que implica que la brecha salarial entre generaciones está agrandándose. La preocupante tendencia, que no se veía desde 2016, se produjo a pesar de que el salario mínimo interprofesional (SMI), especialmente extendido entre quienes se acaban de incorporar al mercado laboral, aumentó el año pasado un 5%. La paradoja se debe a que los trabajadores de menor edad están accediendo en mucha mayor proporción a empleos a tiempo parcial, lo que obviamente se traduce en menores salarios. En el lado contrario del espectro, quienes han experimentado un mayor aumento son los mayores de 55 años, cuyo sueldo subió una media del 8,2% en 2024 y alcanzó los 2.680 euros brutos de media al mes.
Al mismo tiempo, el coste de productos y servicios esenciales sigue disparado. La inflación general del mes de octubre, que se confirmó también ayer, se elevó otra décima desde el mes anterior, pasando del 3% al 3,1%. Resulta muy alarmante, sobre todo para quienes tienen rentas más bajas, que los alimentos frescos y la energía sean los principales culpables del alza de precios: cuando se amplía el foco a los últimos seis años, los alimentos se han encarecido hasta un 37,1%.
Todas estas dificultades se acumulan, además, en un contexto en el que millones de españoles, y en especial los jóvenes, ven cada vez más complicado comprar o alquilar una vivienda. La Ley de Vivienda, inspirada en criterios dogmáticos y no técnicos, no ha hecho sino empeorar la situación. Como informamos hoy, un año después de que el Govern de Cataluña fuese pionero en aplicar los topes que prevé la norma, los precios del alquiler han subido un 3,8%, al tiempo que los contratos se han contraído casi un 10%. Como era previsible, intervenir en los precios ha restringido la oferta, cuando lo que se precisa es justamente lo contrario.
La creciente desconfianza que los jóvenes manifiestan hacia las instituciones y la centralidad política tiene causas reales, y son en buena medida de orden económico. Afrontar esos problemas es imperativo. La solución no vendrá de los populismos antisistema, sino de políticas realistas de mirada larga, alejadas de electoralismos cortoplacistas, que se centren en impulsar la productividad y la calidad del empleo, así como en ampliar la oferta de vivienda y facilitar su acceso a quienes más lo necesitan.
