NotMid 07/01/2026
OPINIÓN
PAULA MARÍA
Un océano de crudo venezolano navega hoy sin rumbo fijo. Con los almacenamientos terrestres al límite de su capacidad y las manos atadas por las sanciones de EE. UU., Caracas ha disparado su inventario on water: petróleo que se guarda y transporta en grandes buques tanque a la espera de un comprador o un puerto seguro. Según Goldman Sachs, más de 90 millones de barriles —valorados en unos 5.400 millones de dólares— deambulan por el mar, formando un gigantesco almacén flotante que ya desordena los flujos mundiales de energía.
El cerco de Washington y el efecto rebote
La escalada alcanzó su punto crítico a finales de 2025, tras la orden de bloqueo naval emitida por la administración de Donald Trump para frenar la salida de crudo tras la detención de Nicolás Maduro. Sin embargo, la medida ha generado un inesperado «efecto rebote» en el tablero internacional.
Fuentes empresariales aseguran que el intervencionismo de Washington ha sido percibido por diversas potencias emergentes como una intromisión intolerable, elevando la simpatía hacia el país sancionado. En este escenario, China se ha consolidado como la pieza clave de la resistencia económica de Caracas. Según informes de inteligencia norteamericana, el gigante asiático concentró en septiembre el 84% de las exportaciones petroleras de Venezuela.
Pekín, respaldado por el sentimiento del “Sur Global”, ha perpetuado un esquema de compraventa ajeno al dominio del dólar. En este circuito paralelo, los barriles venezolanos se transaccionan mediante yuanes o criptomonedas, blindando la operación del sistema financiero estadounidense.
El “blanqueo” en alta mar y la logística del engaño
A pesar del despliegue de 15.000 marines y comandos especiales en el Caribe para interceptar “buques fantasma”, los expertos en el negocio del trading dan por hecho que el trasiego en alta mar persistirá.
«El bloqueo no detendrá el flujo, solo lo hará más opaco», denuncia una fuente del sector. El modus operandi es conocido: el crudo venezolano llega a puertos intermedios, como los de Malasia, donde se transborda y se falsifica su documentación para cambiar el origen del producto y “blanquear” su venta en los mercados internacionales.
Un mercado saturado y una producción en coma
Este excedente de petróleo errante no solo es un desafío logístico; es una presión constante sobre la sobreoferta global. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) prevé un superávit mundial de 3,85 millones de barriles diarios para 2026, lo que augura precios estancados por debajo de los 60 dólares.
Mientras tanto, la industria interna colapsa bajo el peso de su propio inventario. Al no poder dar salida al crudo, los pozos se detienen. Wood Mackenzie prevé una ralentización dramática: de los 820.000 barriles diarios producidos en noviembre, la cifra podría desplomarse hasta los 300.000 a principios de 2026.
Incluso con un eventual cambio de gobierno tutelado por EE. UU., la recuperación de Venezuela será una carrera de fondo. El país requiere inversiones masivas y años de estabilidad para drenar su almacén flotante y volver a ser un actor relevante en un mercado que, por ahora, parece tener más petróleo del que puede consumir.
