NotMid 23/01/2026
EDITORIAL NotMid
La política venezolana ha dado un vuelco sísmico que redefine no solo el mapa del poder regional, sino la propia naturaleza de las lealtades internas del chavismo. Con la captura de Nicolás Maduro por parte de la administración Trump y el giro en el control del rumbo petrolero, Venezuela se asoma a un horizonte de democratización que, aunque urgente, aún aguarda por la materialización de una ayuda humanitaria e institucional definitiva. Mientras Trump se mueve entre el pragmatismo con figuras como Delcy Rodríguez o María Corina Machado, el verdadero pacto histórico se sellará con los millones de venezolanos que hoy, por fin, vislumbran la luz de la libertad.
La ironía del ruego internacional
El escenario actual destila una ironía casi literaria. Apenas meses después de que el régimen declarara persona non grata a Volker Türk y forzara el cierre de la oficina del Alto Comisionado de la ONU en Caracas tras años de vejámenes, son ahora los propios hijos de Maduro y Cilia Flores quienes claman por su intervención.
Resulta obsceno que quienes ayer despreciaron el sistema internacional de derechos humanos hoy soliciten una “ayudaíta” al mismo funcionario que intentaron anular. Pretenden que el mundo olvide el maltrato sistemático propinado por aquel que se autoapodaba “el indestructible”, esperando que en Nueva York se ignoren los antecedentes de un modelo basado en la extorsión.
Conspiración en la cúpula
Sin embargo, el ruego de los herederos de Maduro parece estar mal dirigido. Si buscan respuestas sobre el paradero o el destino del “hijo de Chávez”, no es en las Naciones Unidas donde deben tocar la puerta, sino en el despacho de los hermanos Rodríguez. El meollo del asunto sugiere que la caída de Maduro no fue solo un golpe externo, sino el resultado de una conspiración interna donde Delcy y Jorge habrían jugado un papel estelar.
La realidad es cruda: Los parientes del otrora hombre fuerte deberían probar suerte en Miraflores o en las mazmorras de Fuerte Tiuna. Quizás allí comprendan, por fin, el calvario de las madres de los presos políticos que llevan semanas de vigilia frente a las rejas que el propio Maduro mandó a construir para someter a inocentes.
Un nuevo capítulo
La historia ha demostrado ser implacable. Mientras la justicia internacional observa la caída de un sistema que intentó someter incluso a los familiares de figuras como Edmundo González mediante “gestorías” infames y elencos de cooperantes hoy confesos, el pueblo venezolano espera que este cambio de guardia no sea solo un cambio de nombres, sino el inicio de una reconstrucción institucional real.
La libertad no vendrá de la mano de quienes hoy lloran por los privilegios perdidos, sino de la firmeza de una sociedad que ya no acepta más extorsiones.
