Del portazo de Marine Le Pen al silencio de Vox: la ambición expansionista de la Casa Blanca obliga a los partidos soberanistas del Viejo Continente a elegir entre la lealtad al líder MAGA o la defensa de sus propias fronteras.
NotMid 25/01/2026
OPINIÓN NotMid
La pretensión de Donald Trump de anexionar Groenlandia “por las buenas o por las malas” ha provocado un seísmo geopolítico que va más allá de la OTAN. El reciente escenario de Davos, donde se busca un “marco de acuerdo” bajo presión, ha terminado por dinamitar la unidad de la derecha radical europea. Lo que antes era una sintonía ideológica casi total con el “trumpismo”, hoy es un campo de batalla entre la soberanía nacional y el pragmatismo transatlántico.
1. El “No” de Le Pen: La soberanía no tiene precio
Marine Le Pen ha sido la más rápida en marcar territorio. Tras años intentando moderar su imagen sin perder su esencia patriótica, la líder de Agrupación Nacional ha dejado claro que su “idilio” con Trump termina donde empieza la integridad europea.
- La frase clave: “La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño”.
- El contraste: Mientras Macron celebra la caída de Maduro en Venezuela, Le Pen utiliza Groenlandia para presentarse como la verdadera guardiana de lo “sagrado e inviolable”, distanciándose de un Trump al que ahora ve “demasiado estadounidense” para los intereses franceses.
Su delfín, Jordan Bardella, ha ido más lejos al tildar la maniobra de “imperialista”, una retórica que también ha calado en el Reino Unido. Incluso figuras como Nigel Farage o la conservadora Kemi Badenoch temen que la cercanía con Trump convierta a sus naciones en el “caniche” de Washington.
2. Meloni: La equilibrista del Atlántico
Giorgia Meloni personifica la posición más difícil. Siendo el puente natural entre Washington y Bruselas, la primera ministra italiana ha pasado del entusiasmo a la cautela.
- La fisura: Por primera vez, Meloni ha criticado públicamente a Trump, calificando de “error” la amenaza de aranceles a quienes defiendan la seguridad de Groenlandia.
- El juego doble: Pese al roce, Meloni no rompe la cuerda. Intenta vender el despliegue de tropas europeas en la isla no como un acto “antiamericano”, sino como un refuerzo de seguridad global, manteniendo su silla en mesas clave como la Junta de Paz para Gaza.
3. AfD: Un partido, dos almas
En Alemania, la crisis de Groenlandia ha actuado como un espejo de la división interna de Alternativa para Alemania (AfD):
| Facción | Postura | Argumento |
| Duro (Krah) | Pro-Trump | Groenlandia es “geográficamente América”. No vale la pena pelear con el aliado MAGA. |
| Institucional (Weidel/Chrupalla) | Soberanista | La actitud de Trump es propia del “Lejano Oeste”. Groenlandia es Dinamarca. |
Esta bicefalia complica el discurso de un partido que no sabe si ser una sucursal del populismo estadounidense o un baluarte del nacionalismo alemán.
4. Vox: El silencio como estrategia
En el extremo opuesto a Le Pen se encuentra Santiago Abascal. Vox, que ha hecho de la soberanía nacional su bandera absoluta, prefiere “ponerse de perfil” cuando el infractor es Trump.
A diferencia de su rechazo a las injerencias en otros contextos, el partido ha bendecido la intervención en Venezuela y justifica las amenazas sobre Groenlandia como una simple “forma de negociar” del presidente republicano. Al declarar que se sienten “incompetentes en la materia”, Vox prioriza mantener intacta su alianza con el ecosistema de la Casa Blanca, aunque ello suponga obviar los principios de integridad territorial que exige en casa.
Conclusión
La crisis de Groenlandia ha revelado una verdad incómoda para la derecha dura europea: el “America First” de Trump termina, inevitablemente, chocando con el “Nación First” de sus aliados europeos. La isla del Ártico no es solo un territorio en disputa; es la grieta que define quién es un aliado y quién es un vasallo en el nuevo orden mundial.
