Notmid 26/01/2026
EDITORIAL NotMid
Al igual que ocurre con la producción petrolera, la inflación o la opacidad de la deuda pública, en Venezuela la verdad es un activo confiscado. Bajo esa misma lógica de sombras, hoy es imposible determinar con exactitud cuántos presos políticos permanecen en las mazmorras de la dictadura.
Si bien diversas organizaciones de derechos humanos mantienen registros rigurosos, la “cifra negra” no deja de expandirse. Día tras día emergen casos que habían permanecido fuera del radar, custodiados por el silencio de familiares que, movidos por el miedo o la falsa esperanza, optaron inicialmente por no denunciar.
Al revisar los perfiles de los detenidos, el patrón es escalofriante por su transversalidad: el horror no distingue clases ni oficios. Periodistas, líderes vecinales, amas de casa, deportistas, influencers y maestros conforman un mosaico del país entero. Nadie está a salvo; ningún sector ha sido eximido de pagar su cuota de sacrificio en este sistema de persecución.
Hasta la fecha, las excarcelaciones apenas superan las 200. Es vital hablar con propiedad: son excarcelaciones, no liberaciones. La mayoría de estos ciudadanos arrastra ahora el grillete de medidas restrictivas y procesos penales abiertos. Aun así, cada abrazo a las puertas de una cárcel es una victoria moral que el país celebra con una conmoción que desgarra.
Sin embargo, la realidad es tozuda. Mientras celebramos estos retornos, el descubrimiento de nuevos casos —sepultados hasta ahora en el anonimato— iguala o supera el número de los que salen. Estamos ante una versión kafkiana de la “puerta giratoria”: por cada espacio que se vacía, descubrimos una celda ocupada que no conocíamos.
Esta dinámica perversa ratifica una sola vía: la inflexibilidad. No podemos aceptar el goteo administrativo de la libertad como una concesión generosa. La demanda debe ser absoluta. Hay que romper el dique de la opresión con la insistencia de quien sabe que, mientras quede un solo preso político, la sociedad entera sigue tras las rejas.
Todos deben salir. Sin excepciones.
