NotMid 26/01/2026
5 Temas del Día
Cascos, máscaras de gas y el eco de fusiles reales que se confunden con la ficción: “Es como Call of Duty”, gritaban los testigos en Mineápolis antes de que el asfalto recibiera el cuerpo de Alex Pretti. El asesinato del manifestante a manos de agentes federales ha detonado una crisis de derechos civiles sin precedentes en Estados Unidos, cuyas ondas de choque rebotan hoy en la geopolítica global. Mientras el canadiense Mark Carney emerge como el nuevo contrapeso estratégico frente a la agresividad de Donald Trump, en Gaza el sistema sanitario colapsa bajo el bloqueo, transformando patologías simples en sentencias de muerte. El tablero se sacude también en China con la caída del antiguo brazo derecho de Xi Jinping, acusado de traición nuclear, y en el Reino Unido, donde un algoritmo diseñado para prevenir la radicalización ha terminado convertido en el nuevo “profeta” de la extrema derecha.

1. Mineápolis bajo asedio: El laboratorio de la guerra urbana en EE. UU.
Lo vivido en Mineápolis el pasado sábado no es un hecho aislado, sino el clímax de una escalada de violencia y militarización federal sin precedentes. En menos de tres semanas, la ciudad ha sido testigo del asesinato de dos civiles a manos de agentes federales, todo bajo un contexto de protestas masivas contra la presencia del ICE y un clima de miedo que se respira en cada esquina.
La respuesta de la Administración Trump ha sido clara: el despliegue de tácticas de control propias de escenarios de guerra. Esta intervención, lejos de ser percibida como una medida de seguridad, es vista por la comunidad local como una ocupación punitiva que ha fracturado la relación con las autoridades municipales. Mientras barrios enteros se organizan en redes de auxilio mutuo ante la detención de ciudadanos —incluyendo niños—, la ciudad se erige como el símbolo de un conflicto mayor: el uso del aparato estatal para imponer una agenda política mediante la intimidación directa.
La gravedad del asunto ha trascendido las calles. Mientras crónicas de medios como Politico advierten sobre una inminente “batalla por la verdad” tras el tiroteo, figuras de peso histórico como los expresidentes Barack Obama y Bill Clinton han roto su silencio para criticar duramente la gestión de la Administración Trump en este conflicto. Mineápolis ya no es solo una ciudad en protesta; es el epicentro de una crisis democrática que pone en entredicho los derechos civiles en el corazón de Estados Unidos.

2. El “Factor Carney”: Canadá se postula como el último dique frente al unilateralismo de Trump
En el Foro Económico de Davos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha dejado de lado las sutilezas diplomáticas para lanzar una advertencia que resuena en todas las cancillerías: el orden mundial basado en reglas ha sufrido una “ruptura, no una transición”. Con Donald Trump redoblando su retórica —llegando a sugerir que Canadá debería ser el “estado 51” de la Unión o un “puerto de descarga” para China—, Carney ha respondido con una estrategia de autonomía estratégica. AP
El nuevo líder canadiense no se ha limitado a las palabras. Su reciente e histórica visita a Pekín, la primera de un primer ministro canadiense en casi una década, ha sellado una “asociación estratégica” centrada en energía, tecnología limpia y estabilidad macroeconómica. Aunque Carney ha aclarado que no busca un tratado de libre comercio integral con el gigante asiático, su decisión de reducir los aranceles a los vehículos eléctricos chinos —en una maniobra de reciprocidad comercial— ha enfurecido a Washington, que ya amenaza a Ottawa con aranceles punitivos del 100%.
Para Carney, la consigna es clara: “Si no estás en la mesa, estás en el menú”. Al forjar coaliciones con otras potencias medias y fortalecer la defensa del Ártico frente a las ambiciones territoriales de Trump sobre Groenlandia, Canadá está intentando construir una red de seguridad que no dependa exclusivamente de su vecino del sur. En este tablero de ajedrez geopolítico, Carney no solo busca proteger el comercio canadiense, sino erigirse como el contrapeso moral y político de un multilateralismo que muchos daban por muerto.

3. Sentenciados por el asedio: Cuando el cáncer es un arma de guerra en Gaza
En la Franja de Gaza, la guerra ha reescrito las leyes de la medicina: enfermedades tratables se han convertido en sentencias de muerte inevitables. El colapso deliberado del sistema sanitario y el férreo bloqueo israelí han dejado a miles de pacientes oncológicos en un limbo mortal, atrapados entre la destrucción de sus hospitales y la imposibilidad de ser evacuados. Según datos de la ONU y diversas organizaciones médicas, las muertes por cáncer en el enclave se han triplicado desde el inicio de las hostilidades en octubre de 2023.
El rostro de esta tragedia es el de Ismail Abu Naji, un niño que padece un cáncer de sangre poco común. A pesar de tener programado un traslado especializado a Jerusalén antes del estallido del conflicto, el asedio lo mantiene hoy en Gaza, con su cuerpo cubierto de lesiones sangrantes y sin acceso siquiera a analgésicos básicos para paliar su dolor. Su caso es apenas un reflejo de los miles de pacientes que requieren evacuación urgente. Al Jazeera
La situación se ha agravado de forma crítica tras el cierre del cruce de Rafah en mayo de 2024, lo que ha vuelto las rutas de evacuación médica “casi imposibles” de operar. Aunque informaciones recientes sugieren una posible apertura del paso fronterizo, la realidad sobre el terreno sigue marcada por la escasez extrema de medicamentos quimioterapéuticos y las trabas burocráticas para las salidas. Mientras Israel niega la obstaculización sistemática, fallos judiciales y agencias humanitarias sostienen que existe una violación flagrante de la obligación legal de garantizar atención médica a una población bajo control efectivo. En este escenario, el derecho elemental a sobrevivir ha sido confiscado por el ruido de la guerra.
4. Terremoto en el Politburó: La caída del “Príncipe Rojo” y el secreto nuclear chino
La maquinaria de control de Xi Jinping ha devorado a su pieza más cercana: el general Zhang Youxia, vicepresidente de la poderosa Comisión Militar Central y, hasta hace días, considerado el aliado más íntimo del presidente. El anuncio de una investigación por “graves violaciones disciplinarias” marca un hito en la historia reciente de China; no es solo una purga anticorrupción, sino el descabezamiento de la cúpula militar por parte de un líder cuya inseguridad parece superar cualquier lazo personal o histórico.
Lo que eleva este caso a una categoría de crisis internacional es la naturaleza de las acusaciones. Según fuentes citadas por el Wall Street Journal, Zhang Youxia es investigado por una brecha de seguridad sin precedentes: la filtración de secretos sobre el programa de armas nucleares chino a Washington. Esta sospecha de traición, sumada a cargos de sobornos por ascensos y la formación de “camarillas políticas”, sugiere que el general habría acumulado un poder paralelo que Xi ya no estaba dispuesto a tolerar.
Junto a Zhang, también ha caído Liu Zhenli, jefe del Estado Mayor Conjunto, dejando a la cúpula militar —que ya había visto la expulsión de dos ministros de defensa previos— prácticamente vacía. El lenguaje oficial utilizado, acusando a los generales de “pisotear” la autoridad de Xi, revela la furia de un régimen que percibe cualquier autonomía como una amenaza existencial. En este escenario de sospecha permanente, Pekín no solo busca limpiar sus filas de corrupción, sino enviar un mensaje de hierro: en la China de Xi, la cercanía al trono no garantiza protección, sino un escrutinio mortal.

5. El efecto Amelia: Cuando el algoritmo estatal fabrica su propio monstruo
Lo que nació como un esfuerzo pedagógico para vacunar a la juventud contra el extremismo ha terminado suministrando el combustible para una nueva oleada de odio digital. Amelia, una estudiante ficticia de estética “gótica” y pelo morado, fue diseñada originalmente para el videojuego Pathways, un proyecto financiado por el Ministerio del Interior del Reino Unido bajo el programa preventivo Prevent. Su función era pedagógica: representar los peligros de la radicalización de extrema derecha en zonas como Yorkshire. Sin embargo, el experimento ha sufrido un revés sistémico. Informa Metro
Lejos de servir como advertencia, Amelia ha sido reapropiada y convertida en un icono viral por las mismas comunidades que debía combatir. Mediante herramientas de inteligencia artificial como Grok, grupos de extrema derecha han multiplicado su imagen para difundir mensajes racistas, discursos contra la inmigración y retórica nacionalista. El personaje ahora “habla” en vídeos virales donde denuncia la supuesta erosión de los valores británicos, paseando por entornos icónicos como la Cámara de los Comunes.
La gravedad del caso reside en la monetización del odio. La figura de Amelia no solo circula como meme; está siendo utilizada para promocionar criptomonedas y generar ingresos en plataformas como X, donde una sola publicación alcanzó más de 1.4 millones de visualizaciones en pocos días. Analistas advierten que esta “versión de culto” de Amelia ilustra una peligrosa realidad: la IA permite una internacionalización y banalización del extremismo que desborda cualquier marco de prevención tradicional. En el Reino Unido, el Estado no solo ha perdido el control del relato, sino que ha proporcionado involuntariamente el rostro de una insurgencia digital que ahora se alimenta de su propia creación.
Agencias
