NotMid 03/02/2026
IberoAmérica
La partida geopolítica por el control de Cuba ha entrado en una fase decisiva. Tras décadas de inmovilismo, el tablero arroja cambios sustanciales: la cancillería revolucionaria ha pasado de la retórica de trinchera a manifestar su disposición para un “diálogo respetuoso y recíproco”. La Habana incluso abre la puerta a “reactivar y ampliar la cooperación bilateral” con Washington, un giro que ocurre apenas horas después de que Donald Trump confirmara contactos directos con las altas esferas del poder castrista.
“Creo que vamos a llegar a un acuerdo con Cuba”, vaticinó el mandatario estadounidense. La confianza de Trump no es gratuita: la semana pasada movió ficha con un bloqueo energético estratégico que ha dejado a la isla en una situación de vulnerabilidad inédita.
Un régimen contra las cuerdas
La caída de Nicolás Maduro en Venezuela ha sido el golpe de gracia para la economía cubana. Sin el suministro subsidiado de Caracas y bajo la amenaza de una orden ejecutiva que impone aranceles a cualquier país que venda crudo a la isla, el castrismo se enfrenta a una crisis sistémica total. Los apagones constantes no son ya una molestia, sino el síntoma de un sistema eléctrico nacional colapsado y carente de combustible.
En este escenario, Washington mantiene la lupa sobre Claudia Sheinbaum. La presidenta mexicana busca reemplazar el vacío dejado por el chavismo con “petróleo solidario”, pero la presión de los aranceles estadounidenses complica la logística. Cuba necesita 70,000 barriles diarios para sobrevivir, una cifra inalcanzable para un Gobierno sin divisas que, hasta hace poco, sobrevivía revendiendo el crudo venezolano en alta mar para obtener liquidez.
Del traje verde olivo a la mesa de negociación
Hasta hace unos días, la respuesta de Miguel Díaz-Canel era puramente militar. El mandatario, parapetado en su uniforme verde olivo, amagaba con la declaración de un “estado interno de guerra” y participaba en ejercicios tácticos en barrios como Diez de Octubre. Sin embargo, el músculo militar se desvanece ante la realidad de las arcas vacías.
El respaldo internacional, tradicional salvavidas de la Revolución, es hoy puramente retórico:
- Rusia: Serguéi Lavrov se limita a criticar las presiones de EE. UU. sin ofrecer un alivio financiero real.
- Diplomacia sobre el terreno: El enviado estadounidense, Mike Hammer, se ha convertido en una figura disruptiva. A pesar de los “actos de repudio” organizados por el régimen, Hammer recorre las calles conectando con una población exhausta, desafiando la narrativa oficial con un pragmatismo que irrita a la cúpula habanera.
La Revolución se encuentra en su hora más baja. Sin petróleo, sin aliados con billetera abierta y con un Washington decidido a forzar un acuerdo, La Habana parece haber comprendido que, en esta partida, el enroque ya no es una opción.
Agencias
