NotMid 05/02/2026
OPINIÓN NotMid
El episodio de la extracción de Nicolás Maduro ha sido apenas el primer acto de una obra que terminará por sepultar los sueños criminales de la supuesta “revolución”. Ante las voces que claman por la “soberanía” y el “derecho de autodeterminación”, hay que ser tajantes: falso todo.
No fue un acto de guerra; fue una extracción quirúrgica y sigilosa. La soberanía no fue vulnerada hoy, fue secuestrada hace años por el dictador. No se puede invocar el derecho internacional para proteger a quien ha cometido una violación flagrante y sistemática de los derechos humanos. Un dictador no es un presidente legítimo y, por ende, carece de inmunidad de jurisdicción. ¿La tuvieron Hitler o Mussolini? No nos engañemos.
El colapso del contrato democrático
Un Estado terrorista no tiene derecho a sostenerse en las instituciones de las que reniega. Cuando una organización criminal infiltra individuos extrarregionales y convierte el narcotráfico en política de Estado, el contrato democrático caduca. La democracia es generosa, pero no puede ser frívola con criminales de lesa humanidad. Como enseñaba Eduardo J. Couture: cuando la justicia está reñida con la norma, siempre deben prevalecer los principios de justicia.
La “presunción de inocencia” estará allí para el dictador, irónicamente, como una garantía que él jamás otorgó a quienes mandó a asesinar en las calles.
El “Deber de Proteger” vs. La burocracia internacional
Muchos se distraen en lo menor y fallan en lo mayor. La violación primigenia del derecho internacional no es la extracción de un sátrapa, sino el asesinato, la tortura y el vejamen de todo un pueblo. El “deber de proteger” a las víctimas está por encima de cualquier formalismo diplomático.
Hoy, las libertades de los presos políticos avanzan. Es poco, pero es mucho más de lo que teníamos hace un mes, antes de que Maduro cambiara el calor del Caribe por el frío de una celda en Brooklyn. ¿Habría ocurrido esto sin Maduro preso? Nada. Cero. Seguiríamos repitiendo consignas en foros multilaterales mientras el horror continuaba.
El efecto dominó: De Petro a Ortega
Lo maravilloso del “momento Trump” es su capacidad de activar a los renuentes.
- Gustavo Petro, de alentador de insurrecciones, ha mutado en un dirigente “diligente y obediente” tras su paso por el Salón Oval.
- Daniel Ortega, rápido para detectar cuándo se acaba el juego, ya libera presos antes de que se los impongan.
Incluso figuras como Alex Saab y Raúl Gorrín caen ahora bajo el peso de una estructura que se desmonta desde adentro. Sus propios socios, movidos por la supervivencia egoísta, terminarán “cantando la Marsellesa” con tal de alivianar sus penas en suelo estadounidense.
Hacia la democracia total
El horizonte está claro: el camino hacia la democracia total en Venezuela ya es expedito. María Corina Machado encarna ese momento necesario donde la legitimidad y la legalidad finalmente se fundirán.
Al final, ha ganado el capitalismo que produce alimentos frente a la “destrucción creativa” de una izquierda que solo dejó una estela de hambre. Si Donald Trump logra desmantelar estas dictaduras oprobiosas, quedará en la historia como un jugador infernal que logró lo que nadie creía posible.
No hay opción intermedia: o se está con la democratización que viene, o con el oprobio de ayer. El asunto es binario. Y sospecho que ni el propio Fidel Castro, desde donde quiera que esté, daría crédito a lo que sus ojos verían hoy.
