NotMid 03/02/2026
OPINIÓN NotMid
El reciente acuerdo entre Donald Trump y Narendra Modi no es solo un pacto comercial; es un misil teledirigido a la línea de flotación de los BRICS. Al reducir los aranceles al 18% a cambio de que Nueva Delhi abandone el crudo ruso, Washington ha logrado lo que años de diplomacia no consiguieron: romper la solidaridad energética de un bloque que pretendía ser el contrapeso definitivo a Occidente.
India: El pragmatismo por encima de la ideología
La “fractura” se hace evidente al observar las prioridades de India. A pesar de los vínculos históricos con Moscú que se remontan a 1947 y la reciente cercanía personal entre Modi y Putin, el peso de la economía estadounidense ha inclinado la balanza.
- India ha pasado de defender su derecho a importar petróleo ruso para alimentar a sus 1.400 millones de habitantes a comprometerse a importar 500.000 millones de dólares en productos estadounidenses.
- Este movimiento deja a Rusia aislada comercialmente dentro del grupo, obligándola a depender casi exclusivamente de China, su rival histórico en Asia Central.
Un bloque con dos almas
El análisis de los 23 conflictos mundiales realizado por la Academia de Ginebra ya apuntaba a un mundo donde el Derecho Internacional se quiebra, y los BRICS parecen seguir el mismo camino de desintegración normativa. El grupo se divide ahora en dos facciones irreconciliables:
- El ala disruptiva (Rusia-China-Irán): Que busca un nuevo orden mundial post-occidental.
- El ala pragmática (India-Brasil): Que utiliza su pertenencia al bloque como palanca de negociación para obtener mejores tratos de Washington.
El fin de la desdolarización
El gran sueño de los BRICS —la creación de una moneda común para desbancar al dólar— queda hoy más lejos que nunca. Con India amarrando su futuro energético y tecnológico a contratos masivos en dólares con EE. UU., la cohesión del bloque para enfrentar al sistema financiero de Bretton Woods ha quedado herida de muerte.
