NotMid 08/01/2026
IberoAmérica
La liberación de un “número importante” de prisioneros políticos —incluyendo al menos a cinco españoles— constituye la primera consecuencia política de calado tras la operación militar estadounidense que descabezó la dictadura chavista. Este movimiento abre una incierta transición liderada, bajo la tutela de Washington, por los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez.
“Es un gesto nuestro”, adelantó la presidenta encargada ante un reducido grupo de diputados en el Palacio de Miraflores. El oficialismo intenta proyectar autonomía en una decisión que, a todas luces, responde a la asfixia externa: apenas 24 horas antes, Donald Trump había sentenciado el cierre de El Helicoide, el emblemático centro de torturas de la policía política.
La clave diplomática y el factor español
La presión de la Casa Blanca terminó por empujar un proceso que el Gobierno español ya tanteaba semanas atrás. El presidente Pedro Sánchez, quien recientemente se fotografió con familiares de los detenidos, celebró la noticia en redes sociales calificándola como “un acto de justicia y un paso necesario para la reconciliación”.
Entre los beneficiados por la medida se encuentran los turistas vascos Andrés Martínez Adasme y José María Basoa, el marinero canario Miguel Moreno Dapena, el valenciano Ernesto Gorbe y la reconocida activista Rocío San Miguel, quien sumaba 23 meses de cautiverio. También se espera la confirmación oficial de la excarcelación de Sofía Sahagún.
¿Apertura o lavado de cara?
Pese a la evidencia, Jorge Rodríguez insistió en que se trata de una decisión “unilateral”, agradeciendo la mediación de aliados como Zapatero y Lula da Silva. No obstante, para los defensores de derechos humanos, la narrativa oficialista busca “adecentar” la imagen del nuevo mando tras años de represión sistémica.
La noticia ha desatado un terremoto emocional a las puertas de las cárceles. Organizaciones civiles confirman que figuras de alto perfil preparan su salida, entre ellas:
- Juan Pablo Guanipa (Primero Justicia) y Freddy Superlano (Voluntad Popular).
- Rafael Tudares, yerno de Edmundo González Urrutia.
- Javier Tarazona (Fundaredes), quien denunció los nexos del régimen con narcoguerrillas.
- El equipo más cercano a María Corina Machado: Perkins Rocha, Dignora Hernández y Henry Alviárez.
Una transición bajo el estado de conmoción
Aunque la ONG Foro Penal verifica a contrarreloj cada boleta de excarcelación con la esperanza de que se libere al menos a la mitad de los 800 presos políticos, el clima en las calles es de una tensa dualidad.
Mientras unos salen, el aparato de represión permanece intacto. El sociólogo Rafael Uzcátegui, de Laboratorio de Paz, advierte que el sector de Diosdado Cabello está movilizando a los “colectivos” en una demostración de fuerza bajo el actual decreto de estado de conmoción. El terrorismo de Estado no ha cesado: circulan videos de ciudadanos obligados a pedir perdón por celebrar la caída de Maduro.
Como señala el internacionalista Luis Peche: “Para que esto sea una transición real y no una ‘puerta giratoria’, debe cesar la persecución y permitirse el retorno de los exiliados”. Por ahora, Venezuela vive entre el alivio de los reencuentros y la sombra de un sistema que se resiste a desaparecer.
Agencias
