NotMid 29/01/2026
EDITORIAL NotMid
Ver para creer
A veces, para entender la política, basta con observar lo que ocurre frente a nosotros. Lo de Marco Rubio ayer no tuvo desperdicio: no solo ratificó su veteranía, sino que trazó con precisión quirúrgica la hoja de ruta de la Casa Blanca para Venezuela. Quedó clara la naturaleza de los contactos con el régimen de Delcy Rodríguez, hoy convertida en una subalterna más del —tan denostado por ellos— “imperio”.
Como dice el refrán: no hay peor cuña que la del mismo palo.
Lo vemos en las tareas que Washington le ha impuesto a Delcy, muy alejadas de sus consignas para la galería. Pero, sobre todo, lo vimos ayer en Fuerte Tiuna, donde Vladimir Padrino López pareció actuar más como el sepulturero de Maduro que como su aliado.
Si los hechos sugieren que Delcy es la nueva voz de mando, Padrino terminó de consagrar en vivo la ausencia absoluta de Nicolás Maduro. Poco importa lo que intente maquillar Timoteo Zambrano desde el Parlamento con su tesis de un interinato eterno: la realidad es que el vacío de poder es real. Y esa ausencia es la que terminará desencadenando elecciones libres, una vez se cumplan las garantías que Rubio describió con total nitidez.
Al final, así como Delcy ejecuta el “trabajo sucio” diplomático, a Padrino le ha tocado el operativo. Mientras tanto, queda una pregunta en el aire: ¿Qué pensarán Maduro y Cilia mientras ven cómo se cierra el círculo?
