NotMid 10/12/2025
IberoAmérica
Funcionarios estadounidenses han confirmado a The Washington Post que la ruta de escape clandestina de la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, ha sido la isla neerlandesa de Curazao, cercana a la costa venezolana. Este trayecto insular es una de las vías históricamente utilizadas por dirigentes opositores para huir de la dictadura, un camino plagado de peligros que inicia en Caracas.
El medio estadounidense adelantó que la destacada figura, reconocida mundialmente con el Nobel por su persistente lucha democrática, abandonó el país el martes en barco hacia Curazao. Sus aliados trabajaron para evitar que el viaje se hiciera público, priorizando la protección de su seguridad.
El operativo se produce tras meses de incertidumbre. Desde que Machado se vio forzada a la clandestinidad, en agosto del año pasado, distintos informes de inteligencia especulaban sobre su refugio en varias embajadas —incluida la de Washington, sin personal diplomático desde 2019—. En ese periodo, el régimen de Nicolás Maduro inventó diversas ocasiones en las que la oposición supuestamente pretendía atacar edificios diplomáticos.
La Peligrosa Logística de la Huida
El recorrido terrestre desde Caracas hasta la costa venezolana, que probablemente culminó en el estado Falcón, está bajo control constante de fuerzas policiales y militares. Históricamente, este nivel de vigilancia ha obligado a los opositores a contar con la connivencia de personas dentro del propio régimen para formalizar su huida. Desde la costa, el trayecto hasta Curazao se realiza habitualmente a bordo de lanchas rápidas, antes de que los evadidos tomen un avión hacia un destino seguro en el exterior.
La magnitud del escape de una figura de talla mundial como Machado quedó subrayada por la asistencia internacional: durante las horas en que se fraguó la huida, Estados Unidos sobrevoló el golfo que une Falcón y Maracaibo, la segunda ciudad del país, con un par de cazas Superhornets. Estas aeronaves, pertenecientes al portaaviones Gerald Ford, el más poderoso del planeta, proveían vigilancia y un claro elemento de disuasión.
Agencias
