Lhasa ha sido el epicentro de las celebraciones por el 60º aniversario de la región autónoma, encabezados por el líder supremo Xi Jinping
NotMid 25/08/2025
ASIA
Hace seis décadas, en 1965, China estableció la Región Autónoma del Tíbet, seis años después de que el Dalai Lama huyera al exilio en India. Desde Pekín, el Partido Comunista (PCCh) de Mao Zedong afirmó que esta designación garantizaría la libertad de religión y daría a las minorías étnicas una mayor influencia política. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta.
La sinización forzada y la opresión
Organizaciones de derechos humanos y tibetanos en el exilio denuncian una creciente opresión y sinización forzosa. Acusan al gobierno chino de imponer su cultura y borrar la identidad tibetana. Un ejemplo de esto es la política de enviar a niños tibetanos a internados estatales para “reeducarlos” y, así, eliminar cualquier futura oposición al gobierno de Xi Jinping.
La situación del Tíbet acaparó la atención internacional tras los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, cuando se produjo una ola de autoinmolaciones de monjes budistas. A pesar de esto, el gobierno chino sigue promoviendo la idea de estabilidad, crecimiento económico y erradicación de la pobreza en la región. Para mostrar este “progreso”, los departamentos de propaganda invitan a periodistas internacionales a visitar Lhasa, la capital. Sin embargo, ningún periodista puede entrar en el Tíbet sin el permiso del gobierno, lo que limita la cobertura independiente.

El 60º aniversario: un escaparate político
El pasado jueves, Lhasa fue el epicentro de las celebraciones por el 60º aniversario de la región autónoma. El evento contó con la presencia de 20.000 militares, estudiantes y funcionarios, incluido el propio presidente Xi Jinping, el primer líder supremo en asistir a estas celebraciones decenales.
Durante la conmemoración, Xi Jinping, en un discurso recogido por los medios estatales, enfatizó que “para gobernar y desarrollar el Tíbet, lo primero que hay que hacer es garantizar la estabilidad política y social“. También elogió la “lucha exhaustiva contra el separatismo”.
Wang Huning, presidente del principal órgano asesor político de China, afirmó que el Tíbet ha entrado en “su mejor período de desarrollo” gracias a la guía del presidente Xi, destacando el progreso en la reducción de la pobreza y el desarrollo social. Para Wang, esto demuestra el “fuerte liderazgo del Partido Comunista de China”

La sucesión del Dalai Lama: un nuevo conflicto
Un tema central en la relación entre el Tíbet y China es la sucesión del Dalai Lama. Recientemente, el actual líder espiritual, Tenzin Gyatso, de 90 años, anunció que una organización sin fines de lucro que él fundó, la Gaden Phodrang Trust, será la única con autoridad para reconocer a su reencarnación, rechazando cualquier intervención de Pekín. El plan es que los miembros de la organización, con la ayuda de lamas superiores, busquen a un bebé sucesor fuera de China, de acuerdo con las tradiciones.
El gobierno chino, que considera al Dalai Lama un “peligroso separatista”, ha insistido en que el PCCh supervisará la elección de un nuevo líder budista. Para ello, sugieren utilizar la “urna dorada”, un sistema introducido en el siglo XVIII por la dinastía Qing. Xi Jinping ha declarado en varias ocasiones que “el budismo tibetano tiene que adaptarse al socialismo y a las condiciones chinas“
El “espectacular” progreso económico
En el marco del aniversario, los portavoces chinos han resaltado los “espectaculares logros económicos” del Tíbet, promocionando cifras como:
- Una tasa de crecimiento anual promedio del 8,6%.
- Un PIB 154 veces más alto que en 1965.
- Un aumento de la esperanza de vida de 35 a 72 años.
- Cobertura de red 5G en todos los condados y municipios principales.
El Tíbet también tiene una importancia estratégica para China debido a sus abundantes recursos naturales, como el potencial hidroeléctrico, y su disputada frontera con India en el Himalaya.
Agencias