NotMid 01/02/2026
EDITORIAL NotMid
Los cardenales Baltazar Porras, Diego Padrón y Ovidio Pérez Morales han asestado un golpe seco al tablero político: exigen la liberación plena de los presos políticos, el fin de la hegemonía comunicacional y el respeto absoluto al veredicto popular del 28 de julio. Más agua bendita, imposible.
Este pronunciamiento, directo y filoso, seguramente ha incomodado a esos “analistas” que hoy sostienen que pedir democracia es “desestabilizar”. Son los mismos que proponen conformarse con el continuismo, bajo el pretexto de no perturbar al poder en beneficio de una paz ficticia. Predicadores del humo que, hasta hace poco, desestimaban las advertencias de figuras como Marco Rubio, tildándolas de improvisadas o contraproducentes.
Sin embargo, la realidad de este 1 de febrero es terca. Los planes de Rubio avanzan a todo vapor: Maduro enfrenta la justicia en Nueva York y la enviada especial de la Casa Blanca ya se encuentra en Caracas. Mientras Trump sugiere fórmulas de transición, su Secretario de Energía ya pone el foco en nuevas elecciones.
Se podrá debatir sobre los esquemas o la temporalidad, pero lo que es innegable es la demanda de libertad de millones de venezolanos. El anhelo de cambio está “de a toque” y los cardenales han hecho bien —muy bien— en recoger ese sentimiento nacional y darle altavoz frente al mundo.
Rubio fue claro: su objetivo es una Venezuela próspera y democrática, y para ello necesitaba a su equipo monitoreando el terreno. Ese equipo ya está aquí. Les deseamos éxito en su misión, porque su triunfo será el mismo que los venezolanos nos trazamos desde 2023.
Avanzamos.
