NotMid 25/01/2026
EDITORIAL NotMid
Al observar los recientes llamados a la “paz” y al “diálogo” emanados de una cúpula carente de legitimidad, es imperativo desmantelar la perversa naturaleza de tal convocatoria. No estamos ante un gesto de apertura, sino ante una maniobra de distracción calculada.
Resulta un agravio a la inteligencia que quienes hoy estructuran comisiones de paz y pregonan tolerancia sean los mismos artífices de un sistema penitenciario de terror. Mantienen a cientos de ciudadanos —venezolanos y extranjeros— bajo una reclusión arbitraria, sometiendo tanto a los detenidos como a sus familias a un ciclo sistemático de degradación y sufrimiento.
La realidad desmiente el discurso: algunos han sucumbido en cautiverio; otros sobreviven a duras penas entre torturas y tratos inhumanos. Hablamos de víctimas de desapariciones forzadas, secuestros institucionales y aislamientos prolongados que fracturan el espíritu humano durante semanas, meses o años.
El cinismo alcanza su cénit cuando los verdugos invocan la “unión nacional” mientras, en los portones de las cárceles, las madres languidecen —y en ocasiones mueren— esperando una liberación que no llega. Es la esencia de un sistema opresivo que intenta mimetizarse como víctima de una supuesta “agresión externa”, ocultando que ha sido el único responsable de la mayor destrucción institucional y social en la historia contemporánea del país.
La dictadura pretende proyectar una narrativa agotada; una puesta en escena que el país ya ha visto naufragar en una decena de ocasiones. Sin embargo, la sociedad civil ha desarrollado anticuerpos contra este engaño. Esta nueva edición del “diálogo” no solo es una repetición de guiones fallidos, sino una versión aún más grotesca.
El país y la comunidad internacional no pueden permitir el mismo desenlace. El guión está vencido y, más allá de sus colaboradores cómplices, ya no queda audiencia dispuesta a creer en la farsa.
