¿Cómo se irá del poder este niño en quien la responsabilidad no logró prender jamás para alumbrar al hombre?
NotMid 15/12/2025
OPINIÓN
JORGE BUSTOS
De esta legislatura titánica (violines de balance triunfal en cubierta mientras el peso de la corrupción parte el casco) solo nos interesa ya su final. ¿Cómo se irá del poder este niño en quien la responsabilidad no logró prender jamás para alumbrar al hombre? ¿Le acometerá una desconocido cierzo de decencia en la hora crucial? ¿Cederá el testigo como todos sus antecesores, reconociendo el alto honor de haber sido presidente y deseando aciertos a su democrático sucesor? Sería un hermoso giro narrativo, casi un happy end, que acaso permitiría a sus viudos mediáticos despedirlo con el verso de Petrarca: “Un bel morir tutta una vita onora“.
Pero no será el caso. No veo al compadre de Ábalos, Cerdán y Salazar aupándose del audio tabernario a la lírica petrarquista. Sospecho que los obstinados antecedentes del escorpión volverán a imponerse, y que el político de las primeras veces llevará su venenosa voluntad de quebrar usos y costumbres hasta el instante mismo del traspaso de poderes. No me refiero a un pucherazo, aunque es cierto que ya ensayó esa desesperada maniobra en Ferraz con aquella urna de improviso tras el biombo. No digo que no lo sopese: digo que los suyos se lo impedirán a tiempo, reaccionando con el mismo instinto de supervivencia orgánica que ya frustró la primera intentona. El cuento de Pedro y el lobo (el lobo era él) se leerá en realidad como la triste historia del caudillo que quiso ser y no pudo.
De momento esa América Latina cuyos tesoros tanto atraen al viajante Zapatero le está ofreciendo a Pedro dos modelos opuestos de extinción política. Uno lo encarna Boric, otro izquierdista fracasado que supo sin embargo madurar en el cargo: del populismo podémico a condenar el robo electoral de Maduro y felicitar ejemplarmente a Kast para preservar la concordia (Kast ha replicado el gesto desde el lado del triunfo, mostrando respeto por su adversaria comunista Jeannette Jara, lo cual permite aventurar que Chile nunca se joderá tanto como el Perú de Vargas Llosa). El otro modelo lo representa, claro, ese derviche aterrado que baila sin tregua en Caracas y hace ridículos llamamientos a la resistencia para espantar su propio miedo al mañana inminente, incierto, quizá cruel.
Viendo a Pedro hacer su balance tronado de 2025, me temo que ha elegido bailar.
