NotMid 03/02/2026
Estilo de vida
“Soy mi peor enemigo. Tengo demonios dentro que luchan contra mí”, confesó una vez Phil Spector. No mentía. Para cuando pronunció esas palabras, Spector era el productor más influyente del planeta; el hombre que vistió de gala al pop con su “Wall of Sound” y trabajó con leyendas como The Beatles, Leonard Cohen y Tina Turner. Sin embargo, su genialidad musical corría en paralelo a una biografía escrita con pólvora, abusos y un desprecio patológico por la vida ajena.
El revólver: su instrumento favorito
En los estudios de grabación, el talento de Spector convivía con el terror. No era extraño verlo blandir un arma para imponer su voluntad creativa. John Lennon sintió el frío de la muerte cuando, en 1973, Spector disparó al techo en un ataque de furia. Leonard Cohen fue obligado a seguir grabando a punta de pistola cuando el cansancio lo venció. Incluso Los Ramones tuvieron que huir del estudio mientras el productor disparaba a sus espaldas.
Su vida privada era un espejo de esa violencia. A su segunda esposa, Ronnie Spector (voz de The Ronettes), la mantuvo prisionera en su mansión, sometiéndola a tortura psicológica y permitiéndole salir solo si lo hacía acompañada de un muñeco de tamaño real que simulaba su presencia. Sus hijos adoptivos denunciaron años de secuestro y abusos sexuales. Spector no era solo un hombre difícil; para muchos, era un psicópata con licencia de millonario.
La madrugada del 3 de febrero: “Creo que maté a alguien”
A los 63 años, los demonios de Spector finalmente ganaron la batalla. La madrugada del 3 de febrero de 2003, el silencio de su mansión en Alhambra, California, se rompió con un disparo.
Su chofer, Adriano De Souza, esperaba afuera cuando escuchó la detonación. Minutos después, Spector salió de la casa con una frase que sellaría su destino: “Creo que maté a alguien”. Dentro, en un sillón blanco manchado de carmesí, yacía el cuerpo de Lana Clarkson.
Lana era una actriz de 40 años que buscaba una oportunidad en el implacable Hollywood. Esa noche trabajaba como camarera en el House of Blues cuando Spector la invitó a su casa. Ella vio en él una puerta al éxito; él vio una presa. Clarkson murió de un disparo en la boca que le destrozó los dientes. Ante la policía, Spector cambió su versión al instante: alegó un “suicidio accidental” mientras ella “besaba el arma”. Nadie le creyó.

Junto a John Lennon en un avión. Tiempo después produciría sus primeros discos como solista
El genio wagneriano y el final en la sombra
El legado de Spector es una paradoja insalvable. Fue el niño prodigio que, tras el suicidio de su padre, convirtió el epitafio de su tumba —To know him is to love him— en su primer éxito mundial. Fue el hombre que rescató las cintas de Let It Be para darle a los Beatles su adiós definitivo, aunque a Paul McCartney le horrorizaran sus arreglos orquestales.
Pero el “Muro de Sonido” no pudo ocultar el rastro de sangre. Tras dos juicios mediáticos y testimonios de mujeres que relataron décadas de amenazas a punta de pistola, Spector fue condenado en 2009 a 19 años de prisión.
Murió a los 81 años en 2021, víctima de complicaciones por COVID-19, trasladado desde una celda a un hospital. No hubo redención. Como dijo el músico Stevie Van Zandt tras su muerte: “Fue el mejor ejemplo de que el arte siempre será mejor que el artista. Creó grabaciones basadas en la salvación del amor, pero fue incapaz de darlo o recibirlo en toda su vida”.
Agencias
