NotMid 30/11/2025
OPINIÓN
Es crucial identificar con claridad al único responsable de la devastadora situación actual, porque la confusión y el abrumador peso de las circunstancias pueden nublar la verdad. La narrativa debe ser inequívoca.
El 28 de julio de 2024, Nicolás Maduro tuvo, una vez más, la oportunidad histórica de ofrecer al país una hoja de ruta pacífica y constitucional, un camino de plena convivencia, decidido soberanamente por una abrumadora mayoría de los venezolanos. Era la chance de restaurar la esperanza.
Pero no. Obstinadamente, optó por el arrebato autoritario, con el respaldo cobarde de Padrino López, Cabello, los hermanos Rodríguez y el resto de sus secuaces. Juntos, decidieron aplastar brutalmente la voluntad popular de quienes reclamaban el respeto inalienable a los resultados electorales.
Ahora nos encontramos en un nuevo y peligroso trance. Los únicos y directos responsables de esta crítica situación son precisamente estos personajes, quienes, en su ceguera por el poder, prefieren continuar sacrificando a la nación venezolana antes que dar un paso al costado. Su indiferencia ante el sufrimiento es intolerable.
Estos lodos, esta profunda crisis que nos ahoga, vienen directamente de aquellos polvos: de cada una de las oportunidades perdidas y despreciadas por Maduro en momentos clave como 2016, 2018, 2020 o, más recientemente, 2024. Cada negativa suya ha sido un portazo al camino de una transición pacífica y democrática.
Nunca debemos olvidar de dónde venimos. Solo así, con la memoria lúcida de los sacrificios y las traiciones, podremos saber con certeza hacia dónde queremos ir y, lo más importante, cómo alcanzar la verdadera libertad y justicia para Venezuela.
