Washington aumenta la presión sobre Caracas para vaciar las prisiones, mientras el ala radical del chavismo torpedea las liberaciones en un ejercicio de supervivencia extrema de la mano de Diosdado Cabello.
NotMid 11/01/2026
IberoAmérica
El “chavismo reciclado” de los hermanos Rodríguez ha vuelto a abrir las celdas tras 24 horas de parálisis. Hasta el momento, una veintena de presos políticos han recuperado la libertad bajo estrictas medidas cautelares; un goteo administrado por Delcy Rodríguez como su principal moneda de cambio frente a la Casa Blanca. Sin embargo, tras la fachada de la “transición ordenada”, late una guerra interna por el control del aparato represivo.
“No estamos jugando”: La advertencia de Washington
La sombra de Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, es alargada. “Todos los presos deben ser liberados sin excepción. Estados Unidos está prestando atención”, advirtió el congresista Mario Díaz-Balart. La respuesta fue inmediata: figuras como Virgilio Valerde (Vente Venezuela) y el jurista Alejandro Rebolledo abandonaron sus encierros, aunque con el bozal legal de no poder hablar con la prensa.
El factor Cabello: ¿Paz o supervivencia?
¿Por qué se frenaron las liberaciones? Todas las fuentes diplomáticas apuntan a un nombre: Diosdado Cabello. El ministro del Interior —que durante años ordenó persecuciones desde su programa de televisión— es hoy el principal escollo para la entrega total del poder.
Mientras los hermanos Rodríguez intentan ganar legitimidad internacional, Cabello se atrinchera en el ala radical. Su última aparición en pantalla reveló a un hombre distinto: nervioso, ojeroso y sin su habitual sonrisa canalla. Con una recompensa de 25 millones de dólares sobre su cabeza, su futuro parece tener solo dos salidas: el exilio o la justicia estadounidense. “Tarde o temprano, tendrá que enfrentar a la Justicia de EE.UU. No es venganza, es una condición para la transición”, subraya la congresista María Elvira Salazar.
El papel de Zapatero y el caso San Miguel
La liberación de la activista Rocío San Miguel, ya en España, ha sido el hito más simbólico de esta semana. Su salida, marcada por la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero, confirma el papel del expresidente español como “piloto” de la operación de reciclaje político de Delcy Rodríguez.
A pesar de las sonrisas en las fotos oficiales de la transición, el pulso es total. El chavismo mantiene las armas, pero ha perdido el control de su propia narrativa. La pregunta en las calles de Caracas ya no es si saldrán todos los presos, sino cuánto tiempo más podrá sostener Cabello una puerta que Washington ya ha decidido derribar.
Agencias
