NotMid 18/01/2026
EDITORIAL NotMid
Poco a poco, la opacidad del régimen se resquebraja. Comienzan a filtrarse los datos que exponen las vulnerabilidades de quienes hoy intentan mantener la cabeza fuera del agua, mientras el “maremoto” del 3 de enero inunda los pasillos del poder en Miraflores. Son las grietas de la Venezuela actual; las mismas por donde se vislumbra, de forma irreversible, la nación que viene.
Los acontecimientos recientes confirman una ceguera compartida: la soberbia de creerse intocables. Acostumbrados a la impunidad, los “guapetones” del régimen desoyeron las advertencias de Donald Trump, y la respuesta los ha dejado en el hueso, despojados de su armadura retórica.
Hoy, la cúpula dictatorial experimenta una incomodidad inédita. No están habituados al escrutinio ni a maniobrar en una cancha tan asfixiante como la que ahora pisan. Tras el embate de Trump, quien no solo impuso los términos de la rendición sino que dejó claro quién lleva el mando, el margen de error para el chavismo se ha reducido a cero.
Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez, Padrino López: todos están bajo la lupa. Con el prontuario sobre la mesa y la cuerda corta, cada uno de sus movimientos es evaluado por una inteligencia que ya no les permite el juego sucio.
Después de décadas de acoso sistemático y violencia contra la sociedad venezolana, el tablero se ha invertido. Hoy son ellos los sometidos por una fuerza superior que les ha mostrado, sin filtros, el cruento destino que les aguarda si deciden descarrilar el plan de transición trazado. Es, finalmente, el amargo sabor de su propia medicina.
