NotMid 12/02/2026
EDITORIAL
El reciente mensaje del Secretario de Energía de los EE. UU. no debe interpretarse como un simple guiño de cortesía hacia el sector democrático venezolano. Sin embargo, su claridad es motivo de beneplácito.
No fue una declaración retórica; fue un mensaje pragmático dirigido a las corporaciones energéticas globales. El objetivo quedó definido en dos pilares: gobierno representativo y libre comercio.
Esta hoja de ruta supone el acta de defunción para el Estado comunal y la parafernalia de una “organización popular” que, en la práctica, solo sirvió como mecanismo de control social. Un gobierno representativo exige, por definición, elecciones auténticas y un Estado de Derecho. Bajo este esquema, el chavismo —si actúa con inteligencia política— deberá conformarse con el espacio que sus votos le otorguen, y no con el que hoy usurpa mediante la coacción de las bayonetas.
El anuncio también marca el adiós definitivo a la arquitectura del ALBA y al despilfarro de recursos destinados a sostener lealtades ideológicas en la región. El libre comercio requiere un Estado que abandone sus pretensiones empresariales —históricamente ineficientes— para concentrarse en su rol fundamental: ser un ente regulador sólido y un proveedor eficaz de servicios básicos.
No obstante, para que las palabras de Wright se materialicen, Venezuela necesita cimientos institucionales:
- Seguridad Jurídica: No hay comercio libre sin un Fiscal probo y jueces seleccionados por estrictos concursos de credenciales.
- Legitimidad de Origen: No hay gobierno representativo sin un Consejo Nacional Electoral (CNE) verdaderamente independiente.
