NotMid 12/02/2026
DEPORTES
El 19 de abril de 2021, el fútbol europeo saltó por los aires. Doce gigantes del continente, liderados por Florentino Pérez, anunciaron el nacimiento de la Superliga. Casi cinco años después (58 meses de trincheras), aquel proyecto se ha diluido hasta dejar al Real Madrid en una soledad absoluta. Tras la deserción en cadena de los ingleses, el paso atrás de la Juventus y el reciente abandono del Barcelona, el club blanco ha decidido arriar la bandera de guerra.
Este miércoles, en plena vorágine judicial contra la UEFA de Aleksander Ceferin, el Madrid ha firmado una paz que, aunque estratégica, tiene ecos de rendición.
Una tregua de 4.000 millones
Tras nueve meses de presiones y amenazas veladas, el Madrid ha decidido congelar su reclamación de 4.000 millones de euros por daños y perjuicios. Según el comunicado conjunto emitido por el club, la UEFA y la Asociación de Clubes (ECA), este cese de hostilidades está condicionado a la implementación de un «acuerdo definitivo».
El giro es radical. Apenas el pasado diciembre, durante la comida de Navidad con la prensa, Florentino Pérez se mostraba tajante: «No vamos a renunciar a los daños que nos debe la UEFA. Vamos a reclamar». ¿Qué ha cambiado desde entonces?
La mesa de los “Tres Grandes”
Mientras el discurso público seguía siendo combativo, en la sombra se fraguaba el acercamiento. El punto de inflexión fue una mesa de negociación al más alto nivel donde no hubo rastro de Joan Laporta. Florentino Pérez, Aleksander Ceferin y Nasser Al-Khelaifi tomaron las riendas, desplazando a los “segundos espadas” que habían fracasado en ocho reuniones previas durante 2025.
Paradójicamente, el Madrid llega a este pacto con las sentencias a su favor. El Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) y la Audiencia Provincial de Madrid ya habían sentenciado el «abuso de posición dominante» de la UEFA. Sin embargo, el club entendió que una victoria moral en los juzgados no compensaba el aislamiento institucional permanente. A la UEFA, por su parte, no le interesaba una quiebra por multas millonarias ni una guerra civil eterna con el club más laureado de la historia.
La Superliga muere para que la Champions “viva”
El acuerdo se define como un «pacto de principios». En el Bernabéu insisten en que «no se renuncia a nada hasta que el acuerdo sea definitivo», pero la realidad es que el escenario de batalla ha cambiado de código postal: de la oficina de A22 a la sede de la UEFA.
Desde Chamartín ya no se busca una competición paralela, sino transformar la actual desde dentro. Las nuevas exigencias blancas para firmar la paz definitiva son claras:
- Un Fair Play Financiero mucho más estricto (el dardo al PSG y City sigue presente).
- Mejoras sustanciales en el formato de competición.
- Una plataforma de streaming accesible y barata para el aficionado global.
En Valdebebas se consuelan con una máxima: «Sin nuestra presión, la Champions no habría cambiado». Es posible. Pero lo cierto es que la toalla de la Superliga ya está sobre la lona.
Agencias
