NotMid 18/02/2026
USA en español
Donald Trump ha vuelto a la carga contra el régimen de Cuba, al que califica como “un Estado fallido que ni siquiera tiene combustible para que sus aviones despeguen”. A bordo del Air Force One, el mandatario estadounidense aseguró a la prensa que Washington mantiene canales abiertos con una figura clave de la cúpula castrista, una afirmación que La Habana desmiente categóricamente. “Deberían llegar a un acuerdo, porque representan una amenaza humanitaria”, sentenció Trump.
El asfixiante cerco energético impuesto por Washington —estrategia que resultó letal para doblegar al chavismo en Venezuela— ha cortado de raíz los suministros de crudo desde Caracas. Esta alianza, forjada por Hugo Chávez a finales del siglo pasado, fue el pulmón financiero de la Revolución. Ahora, el bloqueo marítimo también neutraliza el auxilio de la “nueva salvadora”, la mexicana Claudia Sheinbaum, impidiendo que sus envíos ideológicos sustituyan el flujo bolivariano.
En el epicentro de esta tormenta se encuentra el Secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, quien lideraría las negociaciones bajo cuerda. En los círculos del exilio en Miami, crece la convicción de que el interlocutor en la isla es Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro. Se le considera el verdadero poder en la sombra, al controlar los hilos de la inteligencia y contrainteligencia del Estado.
“Mientras haya embargo, no habrá petróleo ni dinero; no habrá nada”, advirtió Trump, quien a finales de enero decretó la Emergencia Nacional frente a la “amenaza inusual” que supone el castrismo. No obstante, la Casa Blanca descarta, por ahora, una intervención militar similar a la del 3 de enero en Caracas, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y la muerte de 32 escoltas cubanos.
“Me preocupa la gente de a pie, que ha sido tratada horriblemente por las autoridades cubanas. Veremos cómo termina esto”, subrayó el presidente, empleando una retórica casi idéntica a la que precedió la caída del régimen venezolano.
El retorno al abismo
“Cuba resiste y resistirá esta agresión inhumana”, clama en portada el diario Granma. Sin embargo, tras la consigna oficialista se esconde una realidad descarnada: el regreso al “infierno”. El reciente paquete de medidas socioeconómicas para paliar la crisis energética evoca los peores días del Periodo Especial de los años 90, tras el colapso de la URSS.
En las redes sociales ya se habla del “Periodo Especial 2.0”. Es el regreso de la supervivencia extrema y la precariedad que, décadas atrás, empujó a miles de jóvenes a la prostitución (jineterismo) para sostener a sus familias. Como señaló Rubio desde Múnich: “El régimen ha vivido de subsidios externos toda su vida. Por primera vez, nadie los va a rescatar. El modelo ha quedado desnudo”.
Las cifras no mienten. Cuba necesita unos 150,000 barriles de petróleo diarios para que su obsoleta red eléctrica y su economía respiren; la isla apenas produce 40,000. Durante años, el chavismo inyectó 100,000 barriles diarios, una cuota que el régimen incluso revendía en el mercado negro para obtener divisas. Sin ese flujo, y con la exportación de médicos y el turismo en horas bajas, el país se apaga: hay cortes de hasta 48 horas en las provincias y 12 horas en la capital.
La respuesta del régimen a la crisis multisistémica ha sido, como de costumbre, el puño de hierro. La nueva ola represiva ha descabezado voces críticas en el entorno digital, como los influencers Kamil Zayas y Ernesto Medina, creadores del proyecto El4tico, quienes cumplen ya 11 días en prisión. La isla aguarda en la oscuridad, mientras el tablero geopolítico se mueve a su alrededor.
Agencias
