NotMid 18/02/2026
OPINIÓN
JORGE BUSTOS
El ministro del Interior se declaró “decepcionado” en los pasillos del hemiciclo. Es normal, pobre. No todos los días te enteras de que tu jefe de policía “indiscutido e indiscutible”, tu madero favorito, al que pusiste como ejemplo de conducta “impecable” y a quien concediste una prórroga en el cargo por decreto cuando le tocaba jubilarse, ese mismo ha violado a una subordinada en su piso oficial. Ella está de baja, encerrada en casa, psicológicamente destruida según me contó ayer su abogado en Cope, pero Marlaska está “decepcionado”: empate.
En esta sucursal norteña de Sudán llamada sanchismo no dimite ni Dios, que es como Koldo llamaba a Pedro. Por fin algo en lo que se parece a Felipe González. Dimitir no es un nombre ruso sino un verbo que solo conjuga la oposición, en Valencia o en Madrid. Pero si tus trenes descarrilan matando a 47 personas, si tus médicos tienen que ir a la huelga por primera vez en 30 años, si la red eléctrica funde a negro y la factura se socializa entre los consumidores, si los jóvenes hacen colas de cuatro días para acceder a una promoción de vivienda pública, si se publica que el presidente amañó las primarias de su partido y que su amigo íntimo en Ferraz (paso previo a convertirse en “gran desconocido”) evadía impuestos, si pasa todo esto entonces va Pedro y se coge un avión a la India. Que es por cierto donde le pilló la dana de Valencia. Toquemos madera y revisemos las presas.
En lugar del presidente comparecía una diputada a la que no habíamos visto hasta ahora. Nos costó reconocer a María Jesús Montero bajo su nuevo peinado: si quería pasar desapercibida podría haber recurrido al burka, esa expresión de libertad según el compañero Patxi López. Pero no negaremos a la ministra la habilidad de la maniobra cuando detienen al jefe de gabinete del delegado de Gobierno en Andalucía: en el ojo del escándalo lo mejor es cambiar de look y rezar para que el cuarto poder se encele con la anécdota, como cuando Pedro estrenó gafas y el dueño de la óptica acabó en la SER. Dicen las encuestas andaluzas que Vox le pisa los talones al PSOE de Marisú: si llega a producirse el descalabro anunciado la rejuvenecida candidata siempre podrá culpar a la hirsuta vicepresidenta, cuya elección capilar me glosó en cierta ocasión una legendaria maquilladora de Telecinco: “Parece que lleva una gallina matada a escobazos”.
Las gallinas al menos cacarean, mientras los galgos huyen
