NotMid 02/03/2026
OPINIÓN NotMid
El reciente mensaje de María Corina Machado (MCM) ha puesto sobre la mesa tres temas espinosos que, por complejos que resulten, exigen una confrontación honesta con la realidad. No hay soluciones mágicas, pero sí caminos necesarios.
El debate sobre su regreso no puede ser emocional, sino estratégico. Necesitamos su liderazgo en el terreno, pero bajo condiciones que garanticen su seguridad y, sobre todo, la operatividad de su lucha. El fin último no es la preservación de su capital político —ya consolidado—, sino la concreción del cambio. No es honesto ni factible esperar que el país encuentre su rumbo mientras sus principales referentes permanecen en el exilio. Ella no es el obstáculo; debe ser parte fundamental de la solución.
Si bien MCM sigue siendo la líder indiscutible de las fuerzas democráticas, hemos entrado en una etapa que trasciende personalismos. Venezuela requiere un Gran Acuerdo Nacional que no gravite estrictamente en torno a una figura, sino alrededor de una hoja de ruta para la gobernabilidad y la transición. El consenso debe construirse sobre acciones concretas, integrando a diversos sectores bajo una premisa institucional más que carismática.
La legitimidad de Edmundo González Urrutia como presidente electo es un hecho histórico y su aporte ha sido decisivo. Sin embargo, el análisis político debe ser pragmático: en el escenario actual, su juramentación enfrenta muros infranqueables, no solo ante unos poderes públicos locales deslegitimados, sino ante una geopolítica internacional que hoy parece buscar otras salidas.
Para que unas nuevas elecciones no sean un evento efímero, deben ser el fruto de ese Gran Acuerdo y no una herramienta de revancha. Una de las lecciones más amargas del chavismo es el peligro de las mayorías cuando actúan desde la vindicta. La democracia se construye con el reconocimiento del otro, no con su aniquilación.
Finalmente, este proceso electoral debe ser integral. No basta con la presidencia; el país urge renovar alcaldías, concejalías, gobernaciones y la Asamblea Nacional. El argumento oficialista de que “ya se votó” es una falacia que ignora la desconexión total entre las autoridades actuales y la soberanía popular. Mantener la farsa de un mapa político que no refleja la voluntad ciudadana es prolongar la agonía institucional del país.
