NotMid 02/03/2026
MUNDO
Oriente Próximo se asoma al abismo. La ofensiva lanzada el pasado sábado por Estados Unidos e Israel contra Irán ha desatado una espiral de violencia que amenaza con transformarse en una guerra regional abierta. Como respuesta, Teherán amplió este domingo su campaña de represalias golpeando por primera vez a Omán, país que hasta ahora había servido de puente diplomático fundamental entre Washington y el régimen persa.
El frente de Omán y la parálisis del Golfo
El ejército iraní atacó el puerto comercial de Duqm y un petrolero frente a la costa omaní, dejando cinco heridos. Mascate, tradicionalmente mediador, condenó el incidente con cautela mientras el resto de las monarquías del Golfo sufrían su segunda jornada bajo fuego de drones y misiles.
Los ataques han paralizado la actividad en la región:
- Kuwait: Un fallecido e infraestructuras civiles dañadas.
- EAU: Tres muertos y una advertencia tajante: “Irán es la principal fuente de peligro y su programa de misiles un factor de inestabilidad permanente”.
- Qatar: Impactos en infraestructuras clave que mantienen en vilo al mercado energético.
Una ofensiva planeada en la sombra
Pese a la imagen de “reacción espontánea”, investigaciones de The Washington Post y CNN revelan que el ataque del sábado fue una ofensiva planificada durante meses. Según estos informes, la operación contó con el apoyo tácito de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, quienes mantenían un doble juego: diplomacia pública frente a cooperación militar estratégica contra Teherán.
El golpe de gracia llegó gracias a la inteligencia de la CIA, que según el New York Times rastreó durante meses los movimientos del líder supremo. El ataque se ejecutó en el momento preciso en que el Ayatola Ali Jamenei se reunía con su cúpula de seguridad en Teherán. El resultado fue letal: el jefe de Estado ha muerto, un evento que Irán ha calificado formalmente como una “declaración de guerra a los musulmanes”.
El vacío de poder y el “Triunvirato”
La televisión estatal iraní ha confirmado el fallecimiento y declarado 40 días de luto oficial. El país se enfrenta ahora a su crisis sucesoria más grave desde 1989. Junto a Jamenei, la ofensiva eliminó a la columna vertebral de la defensa iraní:
- Mohammad Pakpour: Jefe de la Guardia Revolucionaria.
- Ali Shamkhani: Alto cargo de seguridad y confidente del líder.
- Abdolrahim Mousavi: Jefe del Estado Mayor.
- Aziz Nasir Zadeh: Ministro de Defensa.
Además del descabezamiento político, el coste humano civil ha sido devastador: más de 200 muertos, incluyendo una tragedia masiva en una escuela primaria en Minab.
Transición de emergencia: Ante el caos, se ha nombrado un triunvirato para dirigir el país: el presidente reformista Masoud Pezeshkian, el jefe de la judicatura Mohseni (línea dura) y el ayatolá Ali Reza Arifi.
Un ejército fragmentado e independiente
Antes de su muerte, Jamenei diseñó un sistema de sucesión en cuatro niveles para asegurar la supervivencia del régimen. Sin embargo, este diseño está generando autonomía descontrolada. El ministro de Exteriores, Araghchi, sugirió que el ataque a Omán no fue una orden centralizada: “Nuestras unidades militares son ahora, de hecho, independientes”, afirmó, reconociendo implícitamente una pérdida de control sobre las facciones armadas.
Por ahora, la diplomacia está muerta. Araghchi ha descartado volver a negociar con Washington: “Se ha convertido en una experiencia muy amarga; nos atacaron en plena negociación”. Con el régimen descabezado y sus unidades militares actuando por cuenta propia, la región entra en un territorio desconocido y extremadamente peligroso.
Agencias
