NotMid 22/01/2026
USA en español
El 20 de enero de 2025, Donald Trump juró su segundo cargo. Ese día arrancó una “apisonadora” política que, doce meses después, ha transformado el país bajo una premisa de poder absoluto. Sin embargo, tras un año de despidos masivos de funcionarios, intervencionismo militar en siete países y una gestión errática de la economía, el “mandato total” que Trump creyó recibir en las urnas se está resquebrajando.
Un desplome en las encuestas
La luna de miel ha terminado. Según Gallup, la aprobación de Trump ha caído 11 puntos en un año, situándose en un crítico 36%. El pesimismo es generalizado: una macroencuesta de CNN revela que el 58% de los estadounidenses califica este primer año como un fracaso. Si al inicio de su mandato el 37% creía que el país iba por buen camino, hoy esa cifra ha caído al 31%, mientras que el sentimiento de deriva (el país va “por mal camino”) escala hasta el 61%.
La desconexión con la realidad: El coste de la vida
A pesar de la hiperactividad en política exterior —que incluye desde amenazas a aliados hasta la controvertida intención de anexionar Groenlandia—, el votante medio está mirando hacia otro lado: su bolsillo. Trump califica la crisis de asequibilidad (affordability) como un invento “fake” de la oposición, pero los datos le contradicen:
- 6 de cada 10 adultos culpan a Trump de encarecer el coste de la vida.
- Solo el 32% cree que sus políticas han mejorado la economía.
- Incluso dentro del movimiento MAGA, el 42% considera que el presidente debería estar haciendo más para bajar los precios.
Un país dividido, un partido blindado
El fenómeno Trump sigue siendo un ejercicio de polarización extrema. Mientras que el 97% de los demócratas y el 70% de los independientes desaprueban su gestión, el 90% de los republicanos se mantiene fiel.
Esta lealtad ciega se extiende a la política exterior. Aunque el 72% de la población total se opone frontalmente al uso de la fuerza militar para controlar Groenlandia (incluyendo a la mayoría de independientes y demócratas), Trump parece gobernar solo para su base: el núcleo duro republicano sigue viendo en él a un líder que fortalece la posición de EE. UU. en el mundo.
El muro de las ‘midterms’
La Casa Blanca parece ignorar las señales de alarma. Se apoyan en un dato estadístico: la mayoría de los legisladores republicanos ocupan escaños en distritos donde Trump ganó por más de 10 puntos. Para ellos, la sangría de votos independientes es secundaria mientras los “fieles” sigan movilizados.
Sin embargo, el factor humano se agota. Por primera vez, solo un tercio de los estadounidenses cree que Trump se preocupa por la gente común, la calificación más baja de su carrera. Incluso su “columna vertebral” política, la inmigración, ha sufrido un desgaste de 12 puntos en los sondeos. Con las elecciones de medio mandato en el horizonte, la “apisonadora” de Trump corre el riesgo de quedarse sin combustible justo cuando más lo necesita.
Agencias
