NotMid 28/12/2025
Estilo de vida
Fogueada en su juventud como corresponsal en Varsovia durante la caída del comunismo, Anne Applebaum (Washington, 1964) es una voz imprescindible. Ganadora del Pulitzer, su obra —desde La hambruna roja hasta el reciente Autocracia S.A.— disecciona los mecanismos del totalitarismo moderno.
El “teatro” de la paz en Ucrania
Pregunta: Donald Trump exige cerrar un tratado de paz en estas fechas. ¿Es posible un acuerdo real entre Kiev y Moscú?
Respuesta: La dificultad es que esta guerra solo terminará cuando los rusos entiendan que la invasión fue un error y que no pueden ganar. Sin embargo, la Administración Trump está enviando el mensaje contrario: da ánimos a Rusia para que Putin crea que la victoria es cuestión de tiempo. Esto obliga a los ucranianos a seguir peleando; ellos saben que dejar las armas no traería la paz, sino una nueva invasión en el futuro.
P: ¿Washington no comprende esa lógica de seguridad?
R: Trump cree a Putin cuando dice que quiere paz. Sus negociadores son inexpertos y no saben nada sobre Rusia; para ellos, el futuro consiste en hacer negocios con Moscú, no en garantizar la seguridad de Europa. Es incomprensible que presionen a Zelenski para ceder territorios que Rusia ni siquiera ha podido conquistar militarmente. Zelenski no puede aceptar esas concesiones sin enfrentar una crisis interna con su pueblo y su Ejército.
El papel de Europa: ¿Socio o patio de recreo?
P: Si Estados Unidos se retira, ¿debe Europa asumir el liderazgo militar y financiero?
R: Europa ya es el principal apoyo de Ucrania, pero debe ir más allá. Es crucial que Bruselas tome el control de los 210.000 millones de euros en activos rusos congelados para financiar la defensa ucraniana. Si Europa falla en esto por miedo a la presión de Rusia o EE.UU., quedará fuera del juego. Putin tiene dos objetivos: ocupar Ucrania y separar a Europa de Washington. Y, lamentablemente, lo está logrando.
P: Los líderes europeos —Macron, Merz, Starmer— atraviesan horas bajas de popularidad. ¿Es el terreno abonado para el populismo?
R: El descontento con el statu quo es global. Lo preocupante es que la extrema derecha domina el voto joven gracias a los algoritmos de YouTube y X, diseñados para promover la ira. Los partidos de centro deben aprender a competir en ese terreno. Si no estás donde la gente consume información, simplemente no existes.
La sombra de las superpotencias
P: ¿Qué busca China al presentarse como un socio “más razonable” que EE.UU.?
R: Es un peligro a largo plazo. Pekín utiliza el “poder blando” de forma más sutil que el estilo burdo de Rusia. Su interés es comercial, pero si Europa empieza a descomponerse, China buscará influencia política. Este continente corre el riesgo de convertirse en el patio de recreo de las superpotencias extranjeras.
P: ¿Le preocupa el futuro de la democracia en Estados Unidos bajo el actual mandato de Trump?
R: Me preocupa que ya se esté intentando influir en las elecciones de mitad de legislatura, cambiando distritos o intentando excluir a minorías de los registros. No creo que Trump busque un tercer mandato —está mayor y parece enfermo—, pero si los demócratas no logran controlar el Congreso, las presidenciales de 2028 podrían no ser imparciales.
Conflictos abiertos: Venezuela y Gaza
P: ¿Cómo valora la presión de Washington sobre el régimen de Maduro?
R: Es trágico. Venezuela produce más refugiados que Ucrania sin estar en guerra. El problema es que no hay un plan claro en Washington. Se habla de atacar o intervenir, pero ¿para qué? ¿Para traer de vuelta a María Corina Machado o para meter a las petroleras estadounidenses? Además, cualquier acción militar requiere la aprobación del Congreso, algo que parecen olvidar.
P: ¿Es real el alto el fuego en Gaza promovido por Trump?
R: No entiendo el entusiasmo. No hay una propuesta realista para la reconstrucción ni se sabe quién administrará la zona. Hamás sigue allí e Israel sigue combatiendo. La guerra, en la práctica, no ha terminado.
P: En 2021 escribió que “los malos están ganando”. ¿Mantiene ese diagnóstico para 2026?
R: Aún no han ganado, pero les va bastante bien. Sin embargo, no subestiremos el poder de las ideas democráticas. La gente en Irán, Rusia o China sigue pidiendo libertad y Estado de derecho. Las autocracias atacan estas ideas precisamente porque les temen. Siguen siendo nuestra mayor fuerza.
Agencias
