Sánchez no solo usó un término moral y políticamente incorrecto para describir la matanza de Gaza, sino que pretendió que el Rey lo legitimara. Y el Rey hizo bien en negarse
NotMid 30)09/2025
OPINIÓN
ARCADI ESPADA
No creo que los cuatro días que se tomó el presidente Trump para publicar la foto con el Rey de España fueran el resultado de un castigo político. Aunque un castigo parece mejor que una dejadez técnica, no cabe minusvalorar aquella hipótesis, porque Trump solo concede importancia a las imágenes y a las palabras que valen mil imágenes. El Rey habló sobre la matanza de Gaza en unos términos que no pudieron gustar a Trump, especialmente por su apoyo al reconocimiento del Estado palestino. Pero al mismo tiempo, el presidente norteamericano debería haber apreciado una difícil decisión del Rey: la de eliminar la palabra genocidio del discurso que el Gobierno le había preparado.
En su intervención en la Onu el presidente Pedro Sánchez afirmó: «Pero seamos claros: no hay una solución posible [la de los dos Estados] cuando la población de uno de esos dos Estados es víctima de un genocidio». Algo que también hicieron el palestino, el colombiano, el turco, el omaní, el granadino, el iraní, el qatarí, el cubano, el egipcio, el somalí, el kirguís, el bangladesí, el irlandés y la eslovena. El Rey dijo: «Nos duele tanto, nos cuesta tanto comprender lo que el gobierno israelí está haciendo en la Franja de Gaza. Por eso clamamos, imploramos, exigimos: detengan ya esta masacre. No más muertes en nombre de un pueblo tan sabio y tan antiguo, que tanto ha sufrido a lo largo de la historia».
El presidente del Gobierno no solo usó un término moral y políticamente incorrecto para describir la matanza de Gaza, sino que pretendió que el Rey lo legitimara. Y el Rey hizo bien en negarse. En la Wikipedia hay un mapa muy didáctico de los países que han reconocido el supuesto genocidio israelí. Habría bastado con enviarlo a La Moncloa para justificar científicamente que el Rey quitara la palabra del discurso, y sin más comentario. Pero la categórica anécdota subraya una vez más un problema de la democracia española. En Inglaterra se sabe que cualquier palabra pública de la Monarquía es la palabra del Gobierno. La norma no está escrita, pero es férrea.
En España los actos del Rey exigen el refrendo gubernamental. La norma está escrita, pero no es férrea, como este genocidio demuestra una vez más. La relación actual entre La Zarzuela y La Moncloa dibuja, a veces, un escenario complejo, veraz y tenso: la decisión del Monarca de hablar en nombre de todos los españoles ya que cree que el Gobierno ha renunciado a hacerlo.
