NotMid 03/03/2026
MUNDO
Cuando el pasado sábado Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva contra Irán, la República Islámica respondió con una premisa clara: si ellos caían, arrastrarían a toda la región. Lo que comenzó como ataques selectivos se ha transformado en un frente abierto donde Teherán golpea a diario el motor económico de las monarquías del Golfo, convirtiendo sus cielos, antes oasis de estabilidad, en escenarios de guerra aérea.
Las cifras de la escalada son abrumadoras. Desde el sábado, los sistemas de defensa —hoy al límite de su capacidad— han interceptado 100 misiles balísticos en Qatar, 167 en Emiratos Árabes Unidos y casi un centenar en Bahréin. Incluso Omán, el histórico mediador, combate hoy incendios en sus tanques de combustible tras el impacto de drones iraníes.
El estrangulamiento de Ormuz
La Guardia Revolucionaria ha cumplido su amenaza más temida: el cierre del Estrecho de Ormuz. “No saldrá ni una gota de petróleo”, sentenciaron. La decisión bloquea el tránsito del 20% del crudo mundial, disparando la ansiedad en los mercados globales.
Para el analista Hamidreza Azizi (SWP Berlin), la estrategia de Teherán es doble: elevar los precios de la energía para forzar a Occidente a frenar a Washington y demostrar que puede sostener un conflicto de desgaste. Sin embargo, este cálculo está dinamitando sus alianzas regionales. El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) ya ha advertido que tomará “todas las medidas necesarias” para responder, situando a las capitales árabes en una alineación inédita —y socialmente explosiva— junto a Israel.
Doha y Dubái: El fin de la diplomacia
Qatar, tradicionalmente equilibrista entre potencias, ha sido el más tajante al acusar a Irán de “traspasar todas las líneas rojas”. Tras sufrir ataques en infraestructuras civiles y en su aeropuerto principal, Doha ha cortado comunicaciones con Teherán y ha suspendido la producción de gas GNL. Por su parte, Emiratos Árabes no descarta una acción militar conjunta. “La pelota está en la cancha de Irán”, afirmó la ministra Reem Al Hashimy.
Mientras tanto, la violencia ha alcanzado el corazón de Arabia Saudí. Este martes, dos drones impactaron en la embajada estadounidense en Riad, provocando un incendio de gravedad. Washington ya ha anunciado la evacuación de sus sedes diplomáticas en Kuwait e Irak, citando una inestabilidad extrema.
Un Irán descabezado y bajo fuego
En el otro lado del Golfo, la situación dentro de Irán es crítica. La ofensiva de EE. UU. e Israel ha golpeado barrios densamente poblados de Teherán, una metrópoli de 10 millones de habitantes que vive hoy bajo apagones de telecomunicaciones y órdenes de evacuación desesperadas. Según la Media Luna Roja, el número de muertos ya asciende a 787.
Los objetivos estratégicos de Israel han sido quirúrgicos y demoledores:
- El Parlamento y la emisora estatal: Identificados como centros de mando y propaganda de la Guardia Revolucionaria.
- El puerto de Bushehr: Donde murieron cinco miembros de la élite militar.
- La Asamblea de Expertos en Qom: El edificio encargado de elegir al sucesor de Ali Jamenei —asesinado en los primeros compases de la ofensiva— fue gravemente dañado por proyectiles israelíes.
Pese a que el presidente Masoud Pezeshkian intenta transmitir una imagen de control provincial, la realidad es la de un país cuya arquitectura de defensa aérea ha sido virtualmente desmantelada. Irán se enfrenta a su hora más oscura: aislado de sus vecinos, con su liderazgo diezmado y con su economía de guerra amenazando con incendiar el resto del planeta.
Agencias
