La nueva líder de la oposición de Taiwán viaja a China para reactivar el diálogo
NotMid 30/03/2026
ASIA
TAIPÉI – Cheng Li-wun, la flamante líder del Kuomintang (KMT), el principal partido de la oposición en Taiwán, prepara las maletas con destino a China. Este movimiento, cargado de simbolismo, reabre viejas heridas y reactiva un guion conocido en la compleja y siempre tensa relación entre Taipéi y Pekín.
Invitada formalmente por las autoridades chinas, Cheng, de 56 años, encabezará una delegación del KMT en un viaje programado del 7 al 12 de abril. Se trata de la primera visita de un dirigente de esta histórica formación nacionalista al continente desde 2016, un dato que subraya la importancia estratégica de cada desplazamiento en el tablero del Estrecho de Taiwán.
El anfitrión en Pekín será Song Tao, el emisario de confianza del presidente Xi Jinping para los asuntos taiwaneses. El mensaje desde el Partido Comunista Chino ha sido cuidadosamente calibrado: el objetivo es “promover el desarrollo pacífico” de los vínculos, tanto entre ambas formaciones como entre las dos orillas. En el lenguaje político chino, esto implica reactivar un canal de interlocución que, durante años, sirvió como válvula de escape para las tensiones.
Un viaje bajo la sombra de la presión militar
El anuncio de la visita se produce tras un notable aumento de la presión militar por parte del ejército chino sobre la isla, a la que Pekín considera una provincia separatista. Este contexto polariza las opiniones sobre la iniciativa de Cheng.
Para sus críticos, el viaje corre el riesgo de ser interpretado como una señal de que el KMT se pliega ante la amenaza de su poderoso vecino. Ven la visita como un gesto de debilidad en un momento de máxima vulnerabilidad para Taiwán.
En cambio, para los partidarios de Cheng, es precisamente en estos momentos críticos cuando el diálogo resulta más imprescindible que nunca. Defienden que mantener abiertas las líneas de comunicación es fundamental para evitar un escalamiento del conflicto.
Un guiño al pasado y el “Consenso de 1992”
Para comprender la carga simbólica de esta visita, es necesario remontarse a la historia del KMT. Tras su derrota en la guerra civil china, el partido se refugió en Taiwán en 1949, manteniendo durante décadas la pretensión de ser el legítimo gobierno de toda China.
Con la democratización de la isla, el KMT evolucionó hacia una posición más pragmática: defensa del statu quo, rechazo a una independencia formal y apuesta por la estabilidad económica a través de un contacto directo y conciliador con Pekín.
Esta línea política cristalizó durante la presidencia de Ma Ying-jeou (2008-2016), periodo que vio el mayor acercamiento entre ambos gobiernos. Bajo su mandato se reactivó el llamado “Consenso de 1992”, una fórmula ambigua por la cual ambos lados reconocen la existencia de “una sola China”, aunque difieren en su interpretación.
Aquellos años trajeron acuerdos comerciales y una cumbre histórica entre Ma y Xi en Singapur en 2015. Sin embargo, también sembraron desconfianza en una parte de la sociedad taiwanesa, que temía una dependencia excesiva de Pekín.
El difícil equilibrio en un contexto cambiante
Es precisamente ese equilibrio, roto por los sucesivos gobiernos del Partido Progresista Democrático (DPP, que evita cualquier fórmula que implique subordinación a Pekín), el que Cheng pretende recuperar. Desde su elección al frente del KMT el pasado octubre, ha insistido en que el Consenso de 1992 constituye la única base viable para el diálogo.
Cheng defiende que esta fórmula refleja el sentir mayoritario de la población: evitar tanto la declaración de independencia —una línea roja innegociable para Pekín— como que la isla sea absorbida por la República Popular.
Pero el camino que quiere recorrer Cheng choca con un contexto que ha cambiado drásticamente en los últimos años. La opinión pública taiwanesa es cada vez más distante del régimen de Xi Jinping. La propuesta china de reunificación bajo el principio de “un país, dos sistemas”, aplicada en Hong Kong, ha perdido todo atractivo en Taiwán tras la erosión de las libertades en la excolonia británica.
Para la mayoría de los taiwaneses, según indican numerosas encuestas, ese modelo ya no ofrece garantías creíbles de autonomía. Pekín, sin embargo, sigue considerándolo el marco preferente para una “reunificación”, y sus líderes no esconden que, de ser necesario, usarían la fuerza para ejecutar una invasión.
El dilema de Cheng: Diálogo vs. Democracia
En este punto radican las principales tensiones del viaje de Cheng. Mientras el KMT defiende el diálogo sin aceptar explícitamente el esquema de “un país, dos sistemas”, el Gobierno chino insiste en que cualquier acercamiento debe asentarse sobre la premisa de una única soberanía china.
Cheng Li-wun fue elegida con la promesa de estabilizar la relación con el continente sin renunciar a la democracia taiwanesa. Ha expresado su deseo de un encuentro cara a cara con Xi Jinping, aunque este extremo no ha sido confirmado por las autoridades chinas. Sus críticos, por su parte, advierten de que este viaje podría ser instrumentalizado por Pekín para proyectar una imagen de división interna en Taiwán en un momento geopolítico crucial.
Agencias
