NotMid 22/03/2026
OPINIÓN NotMid
Hay que tener el rostro tallado en cemento armado. Se requiere una dosis de cinismo casi patológico para que figuras como Lula da Silva y Gustavo Petro critiquen la “inutilidad” de la ONU mientras ellos, junto a López Obrador, ejercieron de espectadores inertes ante el naufragio democrático en Venezuela. Aquella inacción no fue gratuita: costó vidas, sepultó libertades y entregó el acta de defunción de la democracia venezolana.
Hoy, cuando aquellos polvos trajeron estos lodos de tiranía explícita, Lula y Petro se dan golpes de pecho. Claman contra “toda forma de dominación” con una retórica tan grandilocuente como vacía, siendo incapaces de señalar con firmeza a un Nicolás Maduro que ha decidido imponer un régimen dictatorial por la fuerza tras su estrepitosa derrota en las urnas de 2024.
Resulta un insulto a la inteligencia que osen dar lecciones de democracia mientras mantienen un silencio sepulcral ante la barbarie roja. Una barbarie que mantiene a más de 600 venezolanos en mazmorras, que perfecciona el arte de la tortura y la desaparición forzada, y que sostiene un terrorismo de Estado blindado por trampas jurídicas y artilugios de baja ralea.
Digan lo que digan sobre el 3 de enero, la realidad es tozuda: lo que ocurre en Venezuela —y la agonía eterna de Cuba— no es un accidente geográfico. Es el resultado directo del fracaso de una izquierda latinoamericana carcomida, liderada por políticos que operan más como estafadores que como estadistas. Es el fracaso de “elefantes blancos” como la CELAC, organismos burocráticos incapaces de acordar una postura mínima frente a la tragedia humana que ocurre en su propio vecindario.
Señores Lula y Petro: la historia no suele ser amable con quienes confunden la diplomacia con la complicidad. Si no van a ayudar, al menos tengan la decencia de no estorbar.
