NotMid 19/02/2026
ASIA
SEÚL.– La caída de Yoon Suk Yeol ya es definitiva. El expresidente surcoreano ha sido condenado este jueves a cadena perpetua por liderar una insurrección tras su efímero y caótico intento de imponer la ley marcial en diciembre de 2024. El veredicto del tribunal de Seúl no solo cierra el capítulo más convulso de la historia reciente del país, sino que consolida la resiliencia de la cuarta economía de Asia frente a sus propios demonios autoritarios.
El pretexto de la “seguridad nacional”
Yoon, de 65 años, esquivó la pena de muerte, pero no el juicio de la historia. El tribunal consideró probado que el exmandatario intentó subvertir el orden constitucional activando un mecanismo de guerra sin que existiera una amenaza real. Los jueces fueron tajantes: el uso de la fuerza militar no buscaba proteger al Estado, sino neutralizar a la oposición parlamentaria.
Aquel 3 de diciembre de 2024 queda ya como una cicatriz en la memoria colectiva. Pasada la medianoche y ante las cámaras, Yoon acusó a sus rivales de ser “fuerzas antiestatales” al servicio de Corea del Norte. Lo que siguió fue un despliegue de tintes cinematográficos: helicópteros sobre la Asamblea Nacional, soldados armados intentando tomar el hemiciclo y una ciudadanía que, con sus propios cuerpos, bloqueó el paso a la bota militar.
“No existía base fáctica para semejante medida”, reza la sentencia, desmontando el argumento de Yoon de que actuó para “restablecer el orden”.
Un laberinto judicial sin salida
Esta condena es el golpe de gracia para un político que ya acumulaba derrotas en los tribunales. Apenas el mes pasado, Yoon recibió otra pena de cinco años por abuso de poder y obstrucción a la justicia, tras atrincherarse en su residencia oficial y utilizar a su guardia personal como escudo para evitar su detención a principios de 2025.
El historial delictivo que enfrenta el expresidente es extenso:
- Ocho procesos abiertos: Incluyen casos de corrupción familiar.
- Negligencia: La investigación por la muerte de un marine en 2023.
- Insurrección: El cargo principal que hoy lo deja tras las rejas de por vida.
El espejo de la historia
Corea del Sur revive así un trauma conocido. El proceso de Yoon evoca el fantasma de Chun Doo-hwan, el dictador condenado en 1996 por el golpe de 1979. Sin embargo, a diferencia de décadas pasadas, la respuesta institucional ha sido de una transparencia quirúrgica. El juicio se retransmitió en directo, permitiendo que la sociedad que defendió las puertas del Parlamento viera, paso a paso, cómo el Estado de derecho recuperaba el control.
La presidencia de Yoon Suk Yeol, que nació con la promesa de “mano dura” contra la corrupción, termina irónicamente devorada por ella y por un anacrónico delirio de poder.
Agencias
