NotMid 05/01/2026
USA en español
Nueva York. La audiencia no fue televisada, pero el silencio en la sala del tribunal federal de Manhattan era tan denso que el sonido metálico de los grilletes anunció la llegada del prisionero antes de que cruzara el umbral. A las doce del mediodía, Nicolás Maduro, el hombre que rigió los destinos de Venezuela durante más de una década, compareció ante el juez Alvin Hellerstein. No vestía traje ni banda presidencial; llevaba una camisa azul sobre el uniforme naranja fluorescente del sistema penitenciario estadounidense.
El saludo del “Dictador Derrocado”
Con la mirada fija y los hombros erguidos, Maduro caminó hacia la mesa de la defensa. Antes de sentarse, rompió la solemnidad del recinto con un gesto inesperado: se giró hacia la galería y, con una media sonrisa, soltó un “Happy New Year”. El saludo, registrado por cronistas de The Guardian, provocó un murmullo eléctrico entre los asistentes.
Pocos minutos después, ingresó Cilia Flores. Su paso era más lento y cauteloso. Con el cabello recogido y rastros visibles de la operación de captura —dos apósitos en el rostro y una expresión de hermetismo absoluto—, se sentó junto a su esposo. Ambos se ajustaron los auriculares de traducción simultánea, preparándose para escuchar la letanía de cargos que Washington ha acumulado contra ellos: narcoterrorismo, conspiración y tráfico de armas.
“Soy un presidente secuestrado”
El juez Hellerstein, un veterano de 92 años, intentó distender la atmósfera con un comentario irónico sobre su propia estatura tras el imponente estrado, pero la tensión regresó de inmediato cuando se dirigió al acusado.
— “Buenos días, señor Maduro”, saludó el magistrado.
Tras confirmar su identidad, Maduro no se limitó al protocolo. “Soy el presidente constitucional de la República de Venezuela. Estoy aquí secuestrado desde el 3 de enero. Fui capturado en mi casa”, sentenció en español, con los nudillos apoyados firmemente sobre la mesa. Hellerstein lo interrumpió con frialdad judicial, recordándole que habría un momento procesal para sus alegatos políticos.
Cuando llegó el momento de declararse, el contraste entre ambos fue evidente:
- Maduro: Enfático, alternó entre “Soy inocente” y “No soy culpable”, mientras entrelazaba las manos en un gesto casi religioso.
- Flores: Con voz queda pero firme, se identificó como Primera Dama y se limitó a un escueto “Completamente inocente”, evitando cualquier protagonismo.
El final: Gritos y un bolígrafo incautado
La defensa no solicitó fianza, pero sí atención médica urgente. Se reveló que Flores podría presentar una fractura de costillas y múltiples lesiones derivadas de la extracción militar en Caracas.
El clímax de la audiencia llegó al cierre. Desde el público, un hombre rompió el protocolo al gritar que Maduro “pagaría por sus crímenes”. Mientras los alguaciles expulsaban al manifestante, Maduro se levantó y respondió a gritos hacia la galería: “¡Soy un prisionero de guerra!”.
En un último destello de su antigua cotidianidad, Maduro intentó guardar un bolígrafo dentro de su cuaderno de notas amarillas al finalizar la sesión. Un oficial federal, con un movimiento seco, se lo arrebató antes de escoltarlo fuera de la sala.
La próxima cita quedó fijada para el 17 de marzo. Para los analistas presentes, la imagen de la pareja presidencial saliendo encadenada bajo la custodia de los mismos “imperialistas” que desafiaron durante años, marcó el fin de una era y el inicio de un proceso judicial que pondrá a prueba la credibilidad de la justicia internacional.
Agencias
