NotMid 03/01/2026
USA en español
En un escenario de máxima tensión, la vicepresidenta Delcy Rodríguez encabezó este sábado el Consejo de Defensa de la Nación. Ante el alto mando militar y la cúpula de la Revolución Bolivariana, Rodríguez optó por el desafío retórico frente a Estados Unidos, a pesar de los canales de comunicación abiertos con el secretario de Estado, Marco Rubio. En un discurso encendido, exigió la libertad de Nicolás Maduro —a quien ratificó como “único presidente”— y apeló al auxilio de sus aliados estratégicos, Rusia y China.
“Defenderemos la dignidad de un pueblo que no se rinde. Lo que se le hace a Venezuela es una barbarie”, sentenció Rodríguez. Sus palabras ignoran, de momento, una transición que ya parece inevitable, aunque las piezas del tablero aún no encajen.
El dilema del chavismo: Colapso o choque
Para el internacionalista Luis Peche Arteaga, la prioridad del chavismo es la supervivencia básica. “Su margen de acción es mínimo tras la derrota de las últimas horas. Por evitar el colapso interno, pueden terminar chocando de frente contra el ‘tren de Trump'”, explica, en referencia a la “segunda ola” de presión anunciada por el mandatario estadounidense.
La postura de Rodríguez choca frontalmente con la hoja de ruta trazada por Donald Trump. En una reciente rueda de prensa, el presidente de EE. UU. desplegó su primera apuesta para este “nuevo capítulo”: que la propia Delcy asumiera el mando de forma interina, siguiendo el hilo constitucional, pero con el compromiso de convocar elecciones en un mes.
Extracción militar y control remoto
Washington parece priorizar el orden sobre el procedimiento. La principal preocupación del Pentágono es que las Fuerzas Armadas mantengan la estabilidad y eviten el caos diseñado desde Miraflores. Las arengas de Maduro llamando a la huelga general se desvanecieron tan pronto como los escuadrones Delta Force ejecutaron una operación de extracción en su residencia fortificada en Fuerte Tiuna.
Para Trump, es innegociable que la transición sea “segura, adecuada y sensata”. Mientras Marco Rubio mantiene contactos con Rodríguez, otras figuras emergen en la sombra: el exministro Andrés Izarra situó a Diosdado Cabello en las conversaciones, y fuentes opositoras confirmaron a EL MUNDO que el jefe negociador, Jorge Rodríguez, también participa desde la clandestinidad.
La propuesta de la Casa Blanca apunta a una Junta de Gobierno bajo una suerte de “control remoto” supervisado por Rubio y Pete Hegseth. Este esquema buscaría reconstruir la industria petrolera y estabilizar el país, utilizando el crudo para sufragar la deuda con Washington en un periodo que podría oscilar entre los seis meses y los dos años.
Un giro estratégico: ¿Legitimidad o funcionalidad?
Una de las sorpresas más disruptivas de la estrategia de Trump es la aparente exclusión —al menos inicial— de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. Washington parece dudar de la capacidad de la oposición civil para mantener la seguridad interna sin el apoyo de sectores del antiguo régimen.
“Washington apuesta por la funcionalidad de su hoja de ruta por encima de la legitimidad previa”, señalan los analistas. El politólogo John Polga-Hecimovich sugiere que una presidencia transitoria de Rodríguez podría “apaciguar a sectores pro-régimen”, aunque advierte que esto requiere un compromiso con valores democráticos que el chavismo nunca ha mostrado.
Mientras el destino de Venezuela se decide entre Caracas y Washington, la ciudadanía permanece en vilo. Tras la caída de Maduro, la euforia se mezcla con la incertidumbre, a la espera de que Machado y González Urrutia emitan instrucciones claras ante este nuevo y complejo escenario internacional.
Agencias
