NotMid 28/02/2026
Estilo de vida
El 3 de junio de 1989, la muerte de Ruhollah Jomeini tras una serie de infartos dejó al proyecto de la República Islámica en una encrucijada existencial. Tras una década de fervor revolucionario y una guerra devastadora, el régimen se encontraba huérfano y sin un sucesor natural que ostentara el máximo rango teológico. Fue entonces cuando Ali Jamenei, un aliado cercano y entonces presidente, dio un paso al frente bajo un concepto que definiría su mandato: la «flexibilidad heroica».
La paradoja del sucesor: De los libros de Tolstói al poder absoluto
Contra todo pronóstico, Jamenei —recordado por sus amigos de infancia como un joven tímido, fumador empedernido y devoto de León Tolstói— se convirtió en el heredero de Jomeini. Para lograrlo, el sistema tuvo que ejercer su primera gran dosis de pragmatismo: se obvió el requisito constitucional que exigía que el Líder Supremo fuera un marja (el rango más alto de la jerarquía chií), título que Jamenei no poseía en aquel momento.
A diferencia de las parábolas y el posado desafiante de Jomeini, Jamenei adoptó una estética más austera y un tono menos grandilocuente, pero con un objetivo claro: la supervivencia del sistema a cualquier precio.
El giro militarista y el imperio económico
Bajo su mando, Irán experimentó una transformación estructural. Jamenei desplazó el eje del poder desde la autoridad religiosa tradicional hacia el aparato de seguridad. Sus vínculos forjados en el frente de batalla con la Guardia Revolucionaria (IRGC) le permitieron:
- Consolidar una estructura pretoriana: Creó una red de miles de efectivos que eliminaron la disidencia interna.
- Expansión regional: A través de Setad —un opaco imperio financiero bajo su control directo—, Teherán financió milicias y partidos afines en Oriente Próximo, proyectando su influencia sobre Arabia Saudí, Israel y Turquía.
- Disuasión nuclear: En 2013, recuperó el lema de la «flexibilidad heroica» para negociar el acuerdo nuclear con las potencias internacionales, buscando alivio económico sin renunciar al programa como pilar de seguridad nacional.
Un líder forjado en la supervivencia
Nacido en 1939 en la ciudad sagrada de Mashhad, la trayectoria de Jamenei está marcada por la resistencia. A diferencia de Jomeini, que vivió la revolución desde el exilio, Jamenei fue un activista de calle contra la monarquía del Sha. En 1981, sobrevivió a un intento de asesinato con una bomba oculta en una grabadora que le dejó el brazo derecho prácticamente inútil. Aquel evento reforzó su convicción de que su supervivencia era un mandato divino.
“Sentí que estaba a las puertas de la muerte. Comprendí que Dios quería que sobreviviera por una razón”, declararía años después.
La doctrina de la seguridad nacional
Hoy, el pensamiento de Jamenei es rígido: cualquier crítica interna no es disidencia, sino una amenaza directa a la supervivencia del Estado. Esta visión ha justificado la represión violenta de las protestas ciudadanas y el mantenimiento de una retórica hostil hacia sus enemigos externos.
“Si están pensando en seducir al país, el propio pueblo iraní se ocupará de ellos”, advirtió recientemente, dejando claro que, tras décadas en el poder, su compromiso con la Revolución sigue intacto, ya sea a través de la concesión táctica o del puño de hierro.
Agencias
