Un informe de Morgan Stanley revela que las petroleras rusas y chinas controlan seis veces más crudo venezolano que Chevron y Repsol juntas, una hegemonía que la Casa Blanca busca revertir drásticamente.
NotMid 11/01/2026
USA en español
El tablero energético mundial vive un vuelco estratégico. Un informe de Morgan Stanley, al que ha tenido acceso este diario, desglosa en diez datos clave la verdadera dimensión del crudo en Venezuela. Los datos no solo explican la urgencia de la “jugada petrolera” de Donald Trump, sino que evidencian cómo el país se convirtió en el feudo energético de los rivales de Washington.
El desequilibrio: Rusia y China ganan la partida
Hasta ahora, el control del subsuelo venezolano estaba inclinado hacia Oriente. Mientras el régimen de Nicolás Maduro cedía la explotación de las mayores reservas no controladas por PDVSA a sus aliados, Occidente quedaba en un plano marginal:
- Sinopec (China): 2.800 millones de barriles en derechos de explotación.
- Rosneft (Rusia): 2.300 millones de barriles.
- CNPC (China): 1.600 millones de barriles.
- En contraste: Chevron (EE.UU.) no alcanza los 1.000 millones y Repsol (España) apenas suma 200 millones.
En términos netos, los gigantes chinos y rusos han acaparado seis veces más crudo que la alianza entre Chevron y Repsol. Incluso aislando a la sancionada Rosneft, Pekín mantiene derechos cuatro veces superiores a los de la mayor petrolera estadounidense en la zona.

El gigante dormido: Reservas récord, producción mínima
Venezuela posee las mayores reservas de petróleo sin explotar del planeta: 241.000 millones de barriles. Para ponerlo en perspectiva, es casi la suma de Arabia Saudí (171.000) y EE.UU. (94.000).
Sin embargo, el informe destaca una paradoja: es el productor más incompetente del mundo. De un máximo de 3,5 millones de barriles diarios en los años 90, la producción se ha desplomado hasta los 900.000 barriles. Además de la falta de inversión, Maduro sustituyó la dependencia técnica de EE.UU. por la de Rusia; ante la imposibilidad de importar nafta (diluyente vital para el crudo pesado) desde el norte, Moscú se convirtió en el proveedor casi exclusivo en el último semestre.
La estrategia Trump: Gasolina barata y “America First”
La maniobra de Trump tiene dos vertientes: una geopolítica (expulsar la influencia de Moscú y Pekín) y una interna. Su promesa de campaña de situar la gasolina por debajo de los dos dólares por galón depende de la entrada de crudo pesado venezolano, ideal para las refinerías estadounidenses.
Tanto Morgan Stanley como Goldman Sachs prevén que, tras la caída de Maduro, el precio del barril caiga por debajo de los 60 dólares. El nombramiento de figuras como Delcy Rodríguez en puestos clave parece un intento de evitar el caos productivo vivido en las transiciones de Irak (2003) o Libia (2011).
¿Qué futuro le espera a Repsol?
Para la compañía española, el escenario es de oportunidad, pero con matices de incertidumbre. Su CEO, Josu Jon Imaz, ya ha tendido puentes en la reciente cumbre petrolera de la Casa Blanca, ofreciendo triplicar su producción si existe seguridad jurídica.
A favor de Repsol juega su alianza con la italiana ENI, respaldada por una Giorgia Meloni en sintonía con Trump. Sin embargo, el “America First” es un manual de pragmatismo feroz: en el nuevo orden que diseña Trump, las empresas europeas deberán luchar por no ser las piezas sacrificables del tablero.
Agencias
