NotMid 29/12/2025
EDITORIAL
Nicolás Maduro afirma que las amenazas en su contra constituyen un crimen. En un ejercicio de cinismo extremo, pretende disfrazarse de víctima quien ha sido, por años, el verdugo implacable de millones de venezolanos. Es necesario refrescar la memoria sobre lo que verdaderamente califica como crimen en nuestra tierra.
Crimen es torturar, secuestrar, desaparecer y asesinar oponentes. Es permitir que la vida de los disidentes se extinga en las sombras de El Helicoide, El Rodeo o en cualquiera de las mazmorras de la tiranía.
Crimen es atrincherarse en el Palacio de Miraflores tras haber sufrido una derrota electoral humillante. Es usurpar la voluntad popular para seguir asfixiando el futuro de una nación mientras se finge una normalidad inexistente.
Crimen es proscribir la libertad, perseguir el pensamiento diverso y criminalizar el derecho sagrado a elegir y disentir.
Crimen es mantener cautivos a cientos de inocentes, incluyendo a adolescentes y adultos mayores, desgarrando el tejido social de nuestras familias. Es forzar el éxodo de millones, condenándolos al destierro, la xenofobia y la precariedad en horizontes ajenos.
Crimen es demoler las instituciones republicanas para erigir en su lugar una estructura mafiosa, un cártel dedicado al saqueo sistemático de la riqueza nacional.
Crimen es feriar el patrimonio petrolero entre castas privilegiadas y aliados ideológicos, mientras los maestros, jubilados y trabajadores públicos sucumben ante la miseria y el abandono estatal.
La lista de agravios es inagotable, pero el diagnóstico es definitivo.
Pese al agotamiento, la confusión deliberada y la angustia de la espera, no podemos permitirnos el lujo de la desorientación. Es vital mantener la lucidez frente a las “conchas de mango” y las falsas equivalencias promovidas por voces interesadas o falsamente ingenuas.
Conocemos bien al verdugo y su naturaleza. Frente a la barbarie, la claridad moral es nuestra mayor resistencia.
