NotMid 21/02/2026
IberoAmérica
A la crónica escasez de combustible para ambulancias, la suspensión de vuelos con insumos médicos y los constantes apagones en hospitales, se suma ahora un nuevo factor de parálisis en Cuba: el colapso del transporte público. En La Habana, el costo de movilizarse consume ya el 16% del salario mensual de un trabajador promedio, dejando a miles de ciudadanos en una situación de inmovilidad forzada.
Un plan de contingencia que agudiza el déficit
El gobierno de Miguel Díaz-Canel ha implementado un plan de racionamiento severo de combustible que ha impactado directamente en las frecuencias del servicio estatal. Esta medida, sumada a las sanciones internacionales que dificultan el suministro de crudo, ha deteriorado una economía que encadena seis años de crisis profunda.
La realidad en las paradas de la capital oscila entre la aglomeración desesperada y la resignación absoluta. Testimonios como el de Miguel Leyva, de 71 años, ilustran la precariedad: tras cuatro horas de espera bajo el sol, Leyva lamenta que su pensión de 2.000 pesos cubanos (unos cuatro dólares en el mercado informal) apenas alcanza para sobrevivir. “No hay dinero ni para pagar ni para comer”, afirma.
El mercado negro y la barrera digital
La escasez ha vaciado las estaciones de servicio. Las gasolineras que operan en moneda nacional están prácticamente inoperativas, mientras que las que venden en dólares exigen turnos mediante una aplicación móvil, donde las listas de espera pueden durar meses para una carga limitada a 20 litros.
Este escenario ha disparado los precios en el mercado negro, empujando a ciudadanos como Andrés, de 67 años, a desempolvar la bicicleta. “Aquí la gente se va a cualquier parte del planeta porque ya esto es invivible”, asegura, reflejando el sentimiento de una población que no percibe rutas de prosperidad.

Una persona se moviliza en bicicleta frente a una estación de gasolina vacía este 19 de febrero de 2026, en La Habana (Cuba) (EFE/ Ernesto Mastrascusa)
Dependencia energética y alternativas fallidas
Cuba produce apenas el 40% del combustible que consume, dependiendo históricamente de aliados como Venezuela y Rusia. Ante el déficit, el uso de triciclos eléctricos surgió como alternativa, pero la crisis energética y los apagones constantes impiden incluso la recarga de sus baterías.

Personas caminan por una calle sin tráfico este 19 de febrero de 2026, en La Habana (EFE/ Ernesto Mastrascusa)
El impacto colateral: El sistema de salud
La crisis de transporte y energía no se limita a la calle; ha penetrado en las instituciones de salud. El propio Ministerio de Salud ha reconocido afectaciones críticas en servicios de alta complejidad:
- Cardiología y Oncología: Retrasos en tratamientos vitales.
- Ortopedia: Falta de insumos y traslados.
- Cuidados intensivos: Riesgo constante por la inestabilidad del respaldo eléctrico.
Aunque históricamente Cuba se jactó de indicadores de salud elevados para la región, la crisis post-pandemia ha erosionado estos pilares, convirtiendo la cotidianidad en una lucha por el desplazamiento y la supervivencia básica.
Agencias
