Xi Jinping pasó de ser un adolescente humillado y repudiado por su propia madre a concentrar un poder que eclipsa incluso al de Mao Zedong.
NotMid 27/12/2025
Estilo de vida
En la primavera de 1967, la Revolución Cultural entró en su fase más sádica. En un centro de reeducación de Pekín, una multitud enfurecida insultaba a un adolescente de 13 años. El chico cargaba sobre sus hombros un pesado gorro metálico con forma de cabeza de burro. Era el castigo por ser el hijo de Xi Zhongxun, el antiguo viceprimer ministro caído en desgracia.
Lo más desolador de aquella escena no fue el metal frío sobre su cabeza, sino que entre los que gritaban insultos estaba su propia madre, Qi Xin, forzada a humillar a su hijo para sobrevivir al régimen. Aquel adolescente era Xi Jinping.
Siete años en las cuevas
El destino de Xi no fue el de un príncipe rojo, sino el de un paria. Tras pasar por un centro de reeducación juvenil, fue enviado al campo para “templarse” a través del trabajo rural. Durante siete años, Xi cavó pozos en una aldea remota al norte de China, viviendo en casas excavadas en la roca y soportando el aislamiento.
Fue en ese exilio donde recibió el golpe definitivo: el suicidio de una de sus hermanas mayores, también perseguida. Incluso cuando intentó huir y buscar refugio en Pekín, su madre, en un acto de lealtad extrema al sistema, lo denunció a las autoridades.
La paradoja bolchevique: El dolor como lealtad
¿Cómo es posible que alguien que sufrió la brutalidad del sistema de partido único se convirtiera en su defensor más férreo? En la biografía Los intereses del Partido son lo primero, el historiador Joseph Torigian sugiere que el trauma no quebró a Xi, sino que lo moldeó.
Padre e hijo fueron formados en una cultura de raíz bolchevique donde el sufrimiento es un rito iniciático. La disciplina y el sacrificio individual se subordinan a un proyecto histórico mayor. Para Xi, las penurias del campo no fueron un error del sistema, sino la forja que lo convirtió en un líder austero, incorruptible y conectado con las masas.
El arquitecto del poder absoluto
Desde que asumió el cargo en 2012, Xi Jinping ha transformado a China y al mundo:
- Poder sin límites: En 2018 abolió los límites de mandato, asegurándose el control de por vida.
- Purga masiva: Su campaña anticorrupción ha procesado a millones de funcionarios, eliminando de paso a cualquier rival político.
- Ideología escolar: El “Pensamiento de Xi Jinping” es hoy materia obligatoria en todas las universidades chinas.
- Control total: Ha reforzado la vigilancia digital y la censura, convirtiendo a los medios en altavoces exclusivos del Partido.
El muro de cristal de la familia Xi
A diferencia de los líderes occidentales, la vida privada de Xi es un secreto de Estado. Está casado con la famosa soprano Peng Liyuan, pero pocos chinos saben que tienen una hija, Xi Mingze, quien estudió en Harvard bajo un seudónimo antes de desaparecer del mapa público tras su graduación.
A sus 72 años, Xi no concede entrevistas ni improvisa. Su sobriedad es su armadura. En 2025, mientras el mundo observa la volatilidad de líderes como Donald Trump, Pekín vende la figura de Xi como el faro de la “estabilidad”. Las encuestas oficiales —aunque tomadas con cautela— reflejan un apoyo superior al 80%. A pie de calle, el respaldo es palpable: para muchos, Xi es el hombre que sacó a China del caos de la Revolución Cultural para llevarla a la cima del orden global.
Agencias
