NotMid 03/03/2026
MUNDO
Dos días antes de que los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán se materializaran, una empresa privada con sede en Shanghái se adelantaba a los titulares. MizarVision publicó en Weibo —el equivalente chino a X— una secuencia de imágenes satelitales de alta resolución que mostraban, con nitidez quirúrgica, el despliegue en la base de Diego García: cazas Lockheed F-16, aviones cisterna KC-135 y colosos de transporte como el C-5 Galaxy. El mensaje era claro: el enclave británico en el Índico, bisagra logística del poder estadounidense, ya no era un punto ciego.
Desde inicios de año, MizarVision ha mantenido un goteo constante de capturas que dibujan, casi en tiempo real, la reconfiguración del dispositivo militar de Washington. En febrero, la firma detalló cazas en la base de Ovda (Israel), el movimiento del portaaviones USS Gerald R. Ford en Creta y el despliegue de baterías antimisiles THAAD en Jordania. No eran meras manchas en el asfalto; la compañía identificaba modelos, contabilizaba fuselajes y señalaba variaciones diarias en la disposición de activos estratégicos.
¿Inteligencia de código abierto o guía para Teherán?
Esta coreografía de datos resultó demasiado precisa para ser casual. Tras el intercambio de fuego entre Washington y Teherán, observadores occidentales plantean una pregunta incómoda: ¿Estaban estas imágenes, presentadas como inteligencia de código abierto (OSINT), cumpliendo la función de guía indirecta para Irán?
Según ha podido verificar este diario, MizarVision mantiene vínculos estrechos con instituciones asociadas al Ejército Popular de Liberación (EPL). En el marco de la rivalidad sistémica entre Pekín y Washington, la frontera entre la empresa tecnológica y el brazo oficioso del Estado se vuelve deliberadamente difusa. La firma ya ha exhibido músculo analítico previamente, monitorizando al portaaviones chino Shandong en el Mar de China Meridional o rastreando aviones de patrulla P-8 Poseidon sobre el Estrecho de Taiwán.

El algoritmo como arma
El salto cualitativo no reside solo en la óptica, sino en la oportunidad de la difusión. En las semanas previas a la ofensiva, MizarVision incrementó la frecuencia de sus informes sobre activos en Arabia Saudí, Jordania y Qatar. “Siete F-22 estaban estacionados en la pista”, advertía la empresa apenas 24 horas antes de que se activara la operación Furia Épica.
En declaraciones al South China Morning Post, un portavoz de la firma defendió que sus fuentes son “diversas” y comerciales. Sin embargo, el respaldo histórico de Xi Jinping a Irán —fundamentalmente a través de la compra de crudo— sugiere que Pekín, como mínimo, tolera que una entidad con conexiones militares exponga la ubicación de radares y lanzadores estadounidenses en un momento crítico.
Para Irán, bajo el peso de las sanciones y con una capacidad de vigilancia limitada, esta cartografía abierta es un activo inestimable. Para China, es la demostración de que la opacidad operativa de Estados Unidos ha comenzado a evaporarse bajo la mirada de sus algoritmos de reconocimiento de patrones.
Agencias
