NotMid 30/12/2025
EDITORIAL
Liberar a Venezuela mediante las urnas ha demostrado ser una vía cerrada por el autoritarismo. Sin embargo, ese esfuerzo no fue en vano: insistir en la ruta electoral sirvió para desnudar ante el mundo a quienes usurpan la soberanía popular y para confirmar, con números en mano, quién ostenta el respaldo abrumador del país.
La lucha contra la tiranía ha sido extenuante, pero no hemos arriado las banderas. En este conflicto, que a menudo se presenta como una batalla ética entre el bien y el mal, es necesario actuar con agudeza y sentido práctico. La pureza ideológica no debe ser una barrera para la eficacia política.
Nuestros aliados no están obligados a compartir todas nuestras motivaciones, y eso es legítimo. No necesitamos una adhesión moral absoluta a nuestra causa; necesitamos que sus intereses coincidan con nuestras oportunidades. La política es, ante todo, el arte de aprovechar los respaldos disponibles.
Bajo esta lógica, no debemos exigir panegíricos a los chavistas desencantados en favor de los liderazgos democráticos; basta con que retiren su apoyo al régimen. Del mismo modo, quienes hoy parecen indiferentes o pasivos buscarán, por puro pragmatismo, alianzas que hoy parecen improbables. La historia está escrita con esos giros.
Incluso dentro de las filas militares, donde hoy se pregona una “suprema lealtad”, abundan quienes esperan el momento del quiebre. Aunque su inacción actual sea frustrante, su cambio de postura será clave en el desenlace final.
El cambio político en Venezuela no será un reinicio rápido, un simple Ctrl + Alt + Suprimir. Será un proceso complejo y, a menudo, incómodo. Pero la dificultad no es sinónimo de imposibilidad. Al cerrar este 2025, basta mirar atrás: la distancia entre nuestra posición actual y la que ocupábamos en diciembre de 2022 es la prueba de que lo que antes parecía imposible, hoy es altamente probable.
