NotMid 10/02/2026
IberoAmérica
Juan Pablo Guanipa recuperó la libertad el domingo por la tarde y la volvió a perder esa misma noche. No importó que su breve regreso a las calles fuera un ejercicio de liderazgo civil y reconciliación, precisamente el perfil que Venezuela espera para romper sus cadenas. El “número dos” de la Plataforma Unitaria y aliado estratégico de María Corina Machado, recorrió Caracas con un discurso sereno: incluyó a las bases chavistas en el futuro nacional, alentó a las multitudes, apoyó a las madres de los presos en el Helicoide y cerró su jornada con ese humor punzante que sus seguidores tanto celebran en redes sociales.
Guanipa no violó ninguna de las medidas cautelares impuestas por el juez —presentación mensual y prohibición de salida del país—. Sin embargo, al caer el sol, un escuadrón de agentes lo detuvo por la fuerza. Fue la primera acción violenta de calado gubernamental desde que el pasado 3 de enero cayera Nicolás Maduro y comenzara el gobierno de transición de los hermanos Rodríguez, tutelado bajo la mirada de Washington.
“No sabemos dónde está mi papá. No les gustó que saliera con esa fuerza, con esa gallardía”, denunció su hijo y portavoz, Ramón Enrique Guanipa.
El cerco a la dirigencia La indignación se extiende. El abogado Omar Mora Tosta calificó el arresto de “incomprensible”, denunciando además la situación de Perkins Rocha, quien sufre arresto domiciliario con grillete electrónico. Un destino similar padece Freddy Superlano (Voluntad Popular). Para la oposición, estas medidas son una brújula de los temores del régimen: golpean a quienes consideran capaces de movilizar al país en este inédito periodo de turbulencias.
Desde Washington, María Corina Machado fue tajante: “El régimen tiene terror porque sabe que esta fuerza es indetenible. Vuelven a secuestrar a Juan Pablo, ¿por qué delito?”. Mientras tanto, Edmundo González Urrutia calificó el hecho como una “desaparición forzada”.
El factor miedo y la coartada oficial La euforia de las 40 liberaciones del domingo —con caravanas de motos que recordaron los hitos de la campaña electoral— parece haber asustado al chavismo. El secuestro de Guanipa funciona como un mensaje interno para calmar a sus sectores más radicales. Diosdado Cabello, jefe del aparato represivo, justificó la acción bajo su particular retórica: “Algunos creyeron que podían embochinchar el país”, advirtió, mientras el Ministro del Interior prometía que la justicia funcionará contra quien intente “incendiar” la nación.
Una amnistía bajo sospecha Este martes se retoma en la Asamblea Nacional el debate sobre la Ley de Amnistía. Pese a que Jorge Rodríguez asegura que la normativa permitirá la liberación de los 800 presos políticos restantes antes de que termine la semana, las dudas de ONGs como Foro Penal y Provea son profundas. Temen que la ley deje fuera a 175 militares y a procesados por “delitos de odio”.
Además, el retorno de figuras como Machado, López o Borges sigue siendo una incógnita. No parecen figurar en la hoja de ruta que diseñan Delcy y Jorge Rodríguez bajo la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero.
La voz de la Iglesia En este contexto, la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV) ha pedido que la nueva legislación no sea solo un trámite, sino el inicio de la restitución de la independencia de poderes (TSJ y CNE) y el control real del territorio frente a las guerrillas.
Mientras la incertidumbre crece, nombres como el de la hispanovenezolana Catalina Ramos —recién liberada— dan una cara humana a la tragedia. Sin embargo, todavía quedan seis ciudadanos de doble nacionalidad en las mazmorras chavistas, esperando que la libertad que “acarician” sea, esta vez, definitiva.
Agencias
