Defender un cambio de régimen auténtico implica rechazar cualquier chavismo maquillado y exigir una ruptura real con el sistema de represión, corrupción y control que ha destruido el país.
NotMid 16/01/2026
EDITORIAL
Más allá de los gestos, la reunión entre María Corina Machado y Donald Trump no altera una evidencia central: la líder opositora sigue encarnando la esperanza democrática de Venezuela. Es la figura con mayor capital moral y caudal político para los venezolanos. Y su liderazgo, sostenido en condiciones extremas, representa el principal dique frente a la tentación de administrar desde fuera una falsa transición que preserve el statu quo del régimen bajo una forma reciclada. También su firmeza en la defensa de la libertad y del Estado de derecho, dos principios que, según explicó a varios senadores, trasladó a Trump.
Éste ha optado por explorar una vía pragmática que sitúe a Delcy Rodríguez como interlocutora prioritaria para garantizar la estabilidad y evitar una reacción violenta de los militares. Pero estabilidad no es democracia. Defender un cambio de régimen auténtico implica rechazar cualquier chavismo maquillado y exigir una ruptura real con el sistema de represión, corrupción y control que ha destruido el país. En ese marco, la primera prioridad debe ser la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos. No puede haber transición con rehenes.
Consciente de ello, el equipo de Machado ha buscado cuanto antes este encuentro para persuadir a la Casa Blanca de que la única salida viable pasa por una transformación democrática plena, no por convertir a Delcy en gestora del futuro petrolero de Venezuela.
Frente a este escenario, la actitud de España resulta incoherente. Mientras el ministro José Manuel Albares reivindica el multilateralismo, la autonomía estratégica y la defensa del orden internacional, se resiste a mencionar a Machado como pieza clave de futuro y mantiene una política de conllevancia con el régimen venezolano. Todo ello, mientras evita asumir compromisos reales en materia de defensa, en un juego de retórica vacía. Defender a Machado supone alinearse con un principio: que la legitimidad nace del voto y no de los pactos con quienes lo han pisoteado. Ella sigue siendo un símbolo de esperanza porque, con todas las dificultades, Venezuela está hoy mas lejos de la tiranía.
