NotMid 09/01/2026
EDITORIAL NotMid
A estas horas, sobran los oportunistas que intentan ganar indulgencia con escapulario ajeno. Tras las recientes excarcelaciones de inocentes que jamás debieron pasar un solo día tras las rejas, vemos a los de siempre intentando capitalizar el alivio de las familias venezolanas.
Hay quienes, con una desfachatez asombrosa, agradecen a personajes como Zapatero o Lula, cómplices históricos de la opresión madurista. Otros “asomados” buscan atribuirse un rol en estas liberaciones, cuando durante meses su único trabajo fue normalizar la tiranía y validar el fraude. Y, por supuesto, no faltan los analistas de oficio, tratando de colarse en una fiesta que siempre despreciaron solo para “pasar por GO y cobrar los 200”.
La realidad es una sola: el único responsable de estas excarcelaciones es Donald Trump y su política de máxima presión.
No fue la diplomacia de cóctel ni el diálogo estéril lo que abrió las celdas. Fue la exigencia directa de Washington. Los hermanos Rodríguez no actuaron por humanidad, sino por obediencia: recibieron una orden y la acataron. La expectativa ahora es que la presión no disminuya, sino que se intensifique, hasta lograr la libertad no solo de cada preso político, sino de la nación entera.
Es fundamental entender la cronología de los hechos: sin los eventos del 3 de enero, hoy no estaríamos viendo a Enrique Márquez o a Biagio Pilieri abrazar a sus familias. Sin ese golpe de mesa, Rocío San Miguel y tantos otros rehenes del sistema seguirían bajo secuestro.
En este tablero, quien tiene el mazo es Trump, y no cabe duda de que volverá a usarlo. Lo saben bien Jorge y Delcy Rodríguez, lo sabe Diosdado Cabello y lo sabe Vladimir Padrino López. Todos ellos intentan hoy, desesperadamente, evitar el destino que el propio Maduro se labró.
