NotMid 25/02/2026
OPINIÓN NotMid
La recuperación de Venezuela tomará años. Sin embargo, no habrá que esperar décadas para percibir los primeros síntomas del alivio. Es fundamental distinguir entre la sanación total del tejido económico y el impacto inmediato que genera, por sí solo, un cambio de rumbo hacia la dirección correcta.
El proceso será largo porque el chavismo no solo golpeó la economía, sino que demolió sus bases macroeconómicas. La inflación persistirá por inercia, y el tamaño real de la deuda externa sigue siendo un enigma contable que solo se despejará cuando la opacidad de Delcy Rodríguez abandone Miraflores. Bajo cualquier estimación, la deuda es impagable sin el respaldo del FMI; un apoyo que, como hemos analizado antes, es inviable sin una elección legítima que restaure la confianza institucional.
Infraestructura: Del optimismo a la realidad En el mapa de la reconstrucción, los tiempos serán mixtos:
- Sector Eléctrico: Podría estabilizarse con relativa rapidez si existen garantías jurídicas para la inversión privada. Paradójicamente, la robustez de la red heredada de la democracia civil —y no los parches del socialismo— facilita esta tarea.
- Agua y Servicios: El panorama es más complejo. En Caracas, concluir proyectos como el Tuy IV podría tomar un lustro, aunque la gestión técnica honesta permitiría mejoras sensibles mucho antes.
- Productividad y Salario: Aquí reside el reto más lento y difícil, pues depende de la recuperación del valor del trabajo y la inversión masiva.
El mito de la modernización chavista Es vital desarticular la narrativa de quienes creen que la continuidad del actual esquema, bajo supuestos aires de “eficiencia” o “modernización”, traerá soluciones. Quienes se compran ese relato ignoran el currículum de quienes hoy ostentan el poder: los mismos rostros responsables de la catástrofe económica actual no pueden ser los arquitectos de su solución. Si se impide la transición, cualquier mejora será cosmética, espasmódica y condenada al fracaso.
Conclusión
La recuperación no solo requiere una fórmula distinta basada en la libertad económica y la iniciativa privada; exige, sobre todo, un equipo humano diferente. Venezuela no necesita “bates quebrados” ni los mismos rostros del autoritarismo, sino una gerencia legitimada que permita que el país, por fin, empiece a caminar hacia el siglo XXI.
