NotMid 05/01/2026
USA en español
NUEVA YORK – Al igual que Sadam Hussein en sus últimos días, Nicolás Maduro intentó burlar a sus captores mediante una rotación constante: dormía cada noche en uno de ocho refugios distintos. Sin embargo, su suerte se selló cuando la inteligencia estadounidense identificó su búnker de confianza. Tras un intento fallido el 30 de diciembre por mal tiempo y el rechazo de Maduro a un exilio ofrecido por Turquía, la Casa Blanca dio la orden definitiva.
El “Show” de Mar-a-Lago
La noche del 2 de enero, bajo un cielo despejado sobre Caracas, drones de vigilancia confirmaron el regreso de Maduro al recinto. A las 22:46 hora de Florida, el presidente Donald Trump, desde el patio de Mar-a-Lago y en medio de una cena con colaboradores, autorizó el inicio del asalto. Según filtraciones a The New York Times, Trump siguió la misión en directo a través de una cámara instalada en un helicóptero, describiendo la operación como un “espectáculo”.
Precisión Delta: Dos minutos para el impacto
La ejecución recayó en la Fuerza Delta, la unidad de élite que eliminó a Al Bagdadi. Bajo el mando de un comandante hispanohablante, el equipo había ensayado la extracción en una réplica exacta del búnker construida en Kentucky, gracias a la información filtrada por un desertor del círculo íntimo de Maduro y agentes clandestinos de la CIA en Caracas.
La incursión fue quirúrgica:
- El asalto: Una detonación controlada voló las hojas de acero de la entrada en solo dos minutos. La explosión sorprendió a Maduro y a su esposa antes de que pudieran alcanzar la “habitación segura”.
- La captura: En apenas cinco minutos, el líder chavista fue esposado mientras agentes del FBI y la DEA le leían los cargos por narcotráfico. Fuentes aseguran que Maduro opuso resistencia y debió ser sacado a rastras, resultando herido en la pierna izquierda.
- La extracción: Fue trasladado de inmediato a un helicóptero para iniciar su viaje hacia una prisión federal en Nueva York.

Un apagón tecnológico y militar
El éxito de la misión dependió de la superioridad tecnológica de la unidad 160th SOAR (Night Stalkers). Volando a solo 100 pies de altura desde el buque Iwo Jima, helicópteros Chinook y Apache eludieron los radares venezolanos, mientras cazas F-35 y F-18 destruían quirúrgicamente las baterías antiaéreas S-300 y Buk de fabricación rusa.
Para garantizar la impunidad aérea, EE. UU. desplegó una potente guerra electrónica que neutralizó las comunicaciones y un ciberataque que dejó a Caracas en penumbras. La aviación venezolana —compuesta por antiguos F-16 y Su-27 rusos— ni siquiera logró despegar.

El saldo de la incursión
Aunque la resistencia en las calles fue mínima y los comandos chavistas se limitaron a patrullar, el asalto al búnker dejó unos 40 muertos, la mayoría pertenecientes a la guardia pretoriana de Maduro, incluyendo efectivos de las “Avispas Negras” cubanas. Por parte de EE. UU., Trump confirmó que un helicóptero fue alcanzado, dejando dos tripulantes heridos.
Con Maduro ya en suelo estadounidense, la Marina de los EE. UU. permanece en posición. Aunque el objetivo principal se cumplió, Trump advirtió que existen “planes adicionales” listos para ser ejecutados si la transición en Venezuela no sigue el curso esperado por Washington.
Agencias
