Traición interna, complacencia externa, fallos de inteligencia chinos y una resistencia organizada mínima convergieron para crear un escenario ideal
NotMid 05/01/2026
OPINIÓN
Bjorn Beam
A las 2:00 de la madrugada del sábado, misiles estadounidenses alcanzaron bases aéreas venezolanas. El Enviado Especial de China para América Latina, que se había reunido con Nicolás Maduro el día anterior, dormía en Caracas. Al amanecer, la Delta Force había capturado a Maduro. 400 millones de dólares en sistemas rusos de defensa aérea permanecieron inactivos durante toda la operación. El resultado fue un éxito táctico total. Todo lo que viene después depende de si este modelo se sostiene.
La relevancia va mucho más allá de Venezuela. La operación reveló cómo concibe ahora el poder el presidente Trump y qué instrumentos está dispuesto a emplear. Todo apunta a una penetración de la CIA en el círculo más íntimo de Maduro. Con información operativa en tiempo real. El aparato de seguridad cubano, durante años columna vertebral de la supervivencia del régimen, colapsó en el momento decisivo. Cuando despegó el primer avión, las defensas venezolanas ya estaban ciegas y los decisores, aislados.
Trump interpreta este resultado como la validación de una doctrina estratégica más amplia. Considera que la penetración de Inteligencia, combinada con fuerzas especiales de élite y ataques de precisión, permiten neutralizar a líderes hostiles sin recurrir a un conflicto militar convencional. La captura de un mandatario basada en Inteligencia de precisión se convierte así en un instrumento escalable de política exterior, potencialmente aplicable a cualquier adversario identificado como amenaza para los intereses estadounidenses. Esto consolida una diplomacia basada en el uso directo de la fuerza.
El modelo de Caracas funcionó porque las condiciones fueron excepcionalmente favorables. Traición interna, complacencia externa, fallos de Inteligencia chinos y una resistencia organizada mínima convergieron para crear un escenario ideal. Algunos sostendrán que este enfoque siempre ha existido en la práctica estadounidense y que la diferencia reside solo en la eficiencia. Pero la eficiencia en la decapitación del liderazgo es cualitativamente distinta de las intervenciones del pasado. Frente a un adversario disciplinado, con capacidades tecnológicas reales y voluntad militar demostrada, este enfoque podría fracasar con consecuencias graves para el personal estadounidense y para su credibilidad estratégica. La historia ofrece advertencias claras.
En Caracas, las consecuencias inmediatas ya muestran una contradicción central. Con Maduro fuera, la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, apareció en la televisión estatal declarando a Maduro como el único líder legítimo. El aparato institucional del régimen permanece intacto. Estados Unidos ha eliminado al liderazgo sin desmantelar el régimen. Las fuerzas estadounidenses se han retirado, dejando un vacío de poder que la superioridad aérea no puede resolver, pero también una estructura estatal operativa que resiste el colapso. Estabilizar Venezuela exigiría una presencia militar sostenida o el apoyo a facciones armadas capaces de desafiar al Estado residual. Ambas opciones resultan políticamente inviables y operativamente frágiles.
Precisamente por eso Caracas importa para el orden internacional. Washington acaba de demostrar que los gobiernos pueden ser privados de su liderazgo mediante operaciones cibernéticas integradas, penetración de espionaje y fuerzas especiales ejecutadas en horas, no en meses.
El peligro estratégico más profundo reside, sin embargo, en el propio éxito. Si este modelo produce resultados consistentes, desestabilizará la arquitectura de alianzas que ha sustentado la influencia global estadounidense desde 1945. Los gobiernos aliados operarán ahora bajo la suposición de que Estados Unidos y sus servicios de Inteligencia representan una amenaza potencial para la supervivencia de sus propios liderazgos. El precedente existe. La capacidad está demostrada. La diplomacia cinética, fusionada con la penetración de Inteligencia y la guerra cibernética, queda normalizada.
Trump ha logrado una victoria táctica en Caracas al precio de erosionar las alianzas que hicieron posible la proyección de poder estadounidense. Pekín estudia cómo la diplomacia cinética triunfa donde falla la disuasión tradicional, aprendiendo que la penetración de Inteligencia combinada con ataques de precisión puede neutralizar el poder estatal en horas. La cuestión central para el orden internacional es si Washington comprende que ganar así en el exterior implica debilitar el sistema que sostiene una influencia duradera.
*Bjorn Beam es analista geopolítico senior, Arcano Research. Ex oficial de la CIA.
