NotMid 02/01/2026
EDITORIAL
El silencio de Nicolás Maduro ante la confirmación de una incursión militar estadounidense en suelo venezolano es, por decir lo menos, estruendoso. El mismo régimen que suele inflar el pecho con proclamas nacionalistas y retórica antiimperialista para el consumo interno, hoy se queda sin palabras ante la contundencia de los hechos. La “furia bolivariana” ha mutado en un mutismo cómplice.
Como se sospechaba, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ni se enteró del suceso o, peor aún, optó por gestionar la vergüenza mediante la censura.
Esta opacidad solo confirma la inutilidad de un gasto militar milmillonario que no resguarda la soberanía, sino que alimenta las arcas de una cúpula de contratistas y comisionistas. Mientras el radar de la nación falla, el radar de la corrupción sigue intacto.
Ahora, Maduro intenta cambiar el relato ofreciendo negocios a Donald Trump “como quiera y cuando quiera”. Es el pragmatismo de la desesperación: ofrecer el país en bandeja de plata mientras se evade explicar cómo se vulneró el territorio. Quizás nunca conozcamos los detalles técnicos de la operación revelada por Washington, pero la conducta errática de Miraflores confirma que el mensaje de la Casa Blanca no solo llegó a su destino, sino que ha dejado al descubierto la fragilidad del control territorial del régimen
