NotMid 23/01/2026
Ciencia y Tecnología
Seis años después de que Wuhan se convirtiera en la primera ciudad del mundo sitiada por un virus entonces desconocido, el estigma persiste. Mientras Pekín intenta consolidar una narrativa donde el virus nació lejos de sus fronteras, el debate sobre el origen del SARS-CoV-2 ha recuperado fuerza en la esfera internacional.
Esta misma semana, durante el Foro Económico Mundial en Davos, Donald Trump reavivó la polémica. “Siempre he dicho que el virus vino de Wuhan. Vimos los cuerpos en bolsas a través de satélites; había cadáveres por todas partes alrededor del edificio”, afirmó el expresidente estadounidense, vinculando directamente la crisis con el Instituto de Virología. Aunque Trump no aportó pruebas gráficas, su postura coincide con la línea mantenida por su administración: la fuga de laboratorio como la “verdadera fuente”.
El informe alemán: una probabilidad del 95%
Más allá de la retórica política, las investigaciones de inteligencia sugieren que la hipótesis científica no es la única sólida. Una investigación de Die Zeit y Süddeutsche Zeitung reveló que el Servicio Federal de Inteligencia de Alemania (BND) evaluó en su momento que la fuga de laboratorio era plausible con una probabilidad de entre el 80% y el 95%.
El informe alemán, basado en la operación secreta Saaremaa, detectó:
- Experimentos de alto riesgo: Manipulación de virus naturales para aumentar su contagiosidad.
- Infracciones de seguridad: Fallos reiterados en los protocolos del Instituto de Virología.
- Silencio político: Pese a la contundencia de los datos, tanto el gobierno de Angela Merkel como el de Olaf Scholz optaron por no hacer públicas estas conclusiones.
El mercado vs. el laboratorio
A 30 kilómetros del polémico Instituto se encuentra el mercado de Huanan, el primer foco oficial. La comunidad científica mantiene mayoritariamente la tesis de la zoonosis (el salto natural del animal al humano), señalando a especies como el perro mapache o la civeta como posibles eslabones perdidos.
Sin embargo, la viróloga Shi Zhengli, figura clave del laboratorio de Wuhan, sigue bajo el foco. Aunque en 2024 publicó datos en Nature para desvincular sus muestras del SARS-CoV-2, la falta de transparencia del Gobierno chino alimenta las dudas.
El “imperativo moral” de la OMS
El último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es agridulce. Si bien apunta a la propagación zoonótica como la más probable, el grupo de 27 expertos internacionales admite que falta información esencial que solo China posee.
“Esclarecer el origen del virus no es solo un esfuerzo científico, sino un imperativo moral y ético”, sentenció Marietjie Venter, jefa de investigación de la OMS.
Hasta que Pekín no libere las secuencias genéticas de los primeros casos y los registros de bioseguridad del laboratorio, la ciudad de los 11 millones de habitantes seguirá siendo, a ojos del mundo, el epicentro de un misterio sin resolver.
Agencias
